Elegir bien lo que comemos entre horas puede marcar una diferencia real en la salud cardiovascular. En el podcast ZOE, la científica nutricional Sarah Berry compartió siete opciones de snacks respaldadas por evidencia científica que pueden ayudar a reducir el colesterol y favorecer una alimentación equilibrada.
Berry explica que no se trata solo de eliminar alimentos, sino de incorporar opciones que aporten fibra, grasas saludables y compuestos bioactivos que protegen el sistema cardiovascular.
1. Nueces
Las nueces y almendras son ricas en grasas insaturadas, fibra y fitoesteroles. Estudios han demostrado que su consumo regular puede ayudar a reducir el colesterol LDL, conocido como colesterol malo.
2. Yogur natural con frutos rojos

El yogur natural aporta probióticos que benefician la microbiota intestinal, mientras que los frutos rojos contienen antioxidantes asociados con menor inflamación y mejor salud vascular.
3. Manzana con mantequilla de maní natural
La fibra soluble de la manzana ayuda a disminuir la absorción de colesterol. Combinada con una mantequilla de maní sin azúcares añadidos, se convierte en un snack saciante y nutritivo.
4. Hummus con vegetales

El hummus, elaborado a base de garbanzos, es rico en fibra y proteínas vegetales. Acompañado de zanahorias o pepino, aporta nutrientes sin elevar grasas saturadas.
5. Avena
La avena contiene beta glucanos, una fibra soluble que ha demostrado reducir el colesterol LDL cuando se consume de forma regular.
6. Chocolate negro con alto porcentaje de cacao

Consumido con moderación y con al menos 70 por ciento de cacao, aporta flavonoides que pueden favorecer la salud vascular.
7. Palomitas de maíz naturales

Preparadas al aire y sin exceso de sal o mantequilla, son una fuente de grano entero y fibra que puede contribuir a un mejor perfil lipídico.
Berry subraya que ningún alimento por sí solo resuelve el colesterol elevado. La clave está en el patrón alimentario completo, la actividad física regular y el control médico periódico. Sin embargo, pequeños cambios sostenidos en el tiempo pueden tener un impacto significativo en la salud del corazón.
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