Fausto Ortiz y Pablo Lucio Paredes, analistas económicos (Foto: Radio Centro)
El crecimiento económico del Ecuador para este año rondaría el 1,7%. Superior a la debacle sufrida el año anterior, pero todavía por debajo de los niveles que se requieren, para dar el salto al desarrollo.
Así lo señalaron los consultores económicos Fausto Ortiz y Pablo Lucio Paredes, en diálogo con “Punto de Orden”.
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Los analistas exhortaron al Gobierno Nacional, a tomar el toro por los cuernos y aplicar las medidas que tanta falta hacen.
Reglas claras
Para Fausto Ortiz, la inversión que Ecuador logre atraer dependerá de su institucionalidad. Es decir, de la claridad de las reglas del juego.

Y como ejemplo puso a la minería legal, capaz de generar miles de millones de dólares al año, siempre y cuando se respeten las tarifas y los impuestos.
En el ámbito petrolero, ahora que el diésel está a precio internacional, una opción sería dejar la tarea de importación al sector privado, librando de ese modo a Petroecuador de la mitad de su personal.
Uno de los grandes objetivos del país, anotó, sería incrementar la producción de crudo, a por lo menos 535.000 barriles diarios.
A nivel fiscal, recordó que el déficit programado para este año rondaría los 5.000 millones de dólares. Una cifra demasiado alta.
Y aunque aplaudió las medidas que han permitido reducir el Riesgo País, consideró que todavía hay que bajarlo aún más, a unos 400 puntos.
Seguridad jurídica
Una línea parecida expresó el analista Pablo Lucio Paredes.

A su criterio, el crecimiento económico no debe ser inferior al 4 o 5% anual, pues de lo contrario resulta insuficiente.
También llamó a brindar al inversionista seguridad y justicia, y gestionar que el Estado transfiera al sector privado todo lo no sea vital.
Paredes advirtió que, en el caso del Ecuador, el gasto público bordea el 40% del Producto Interno Bruto (PIB), cuando en otros países no rebasa el 30%.
Como resultado tenemos un Estado ineficiente, improductivo e inútil.
En cuanto al déficit, coincidió con Ortiz es que es una carga muy pesada, y como consecuencia, el gobierno de turno tiene que “inventar” impuestos y recargos para cubrirlo.

