Brasil, país con más católicos del mundo, vive una auténtica fiebre de megaestatuas religiosas, incluso mientras la feligresía disminuye año a año. Desde réplicas del Cristo Redentor hasta vírgenes y santos gigantes, varios municipios se disputan el récord.
El Cristo Protector de Encantado ya supera al icónico Cristo de Río con 43,5 metros, pero pronto quedará pequeño: se construye una Santa Ana de 57 metros, que incluirá un ascensor interior para visitantes. Esta tendencia contrasta con un descenso histórico de la población católica, que cayó del 65 % en 2010 al 56,7 % en 2022.

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