Un estudio de la Universidad Metropolitana de Toronto reveló que escuchar música durante un tiempo determinado puede tener un impacto real en la reducción de la ansiedad. No se trata solo de percepción: la estimulación auditiva activa áreas del cerebro vinculadas con las emociones, el estrés y la regulación del estado de ánimo.
¿La clave? La duración.
La investigación sugiere que entre 20 y 30 minutos de música son suficientes para generar un efecto significativo en el organismo. En ese tiempo, el cuerpo comienza a reducir los niveles de cortisol la hormona del estrés y a estabilizar la frecuencia cardíaca.

¿Por qué ocurre esto? Porque la música no solo se escucha, se procesa. El cerebro responde a los ritmos, las melodías y las frecuencias, generando una especie de “reset” emocional que ayuda a salir del estado de alerta constante.
Pero no cualquier música funciona igual. Los mejores resultados se obtienen con sonidos suaves, instrumentales o de ritmo lento, aunque también influye el gusto personal. Lo importante es que genere una sensación de calma.

En medio de rutinas aceleradas y presión constante, dedicar media hora a escuchar música puede ser más que un descanso puede ser una herramienta real para cuidar la salud mental.
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