Hace unas semanas, la comunidad científica recibía las noticias del primer trasplante de un órgano animal -un riñón de un cerdo modificado genéticamente- a un cuerpo humano, una mujer en muerte cerebral que lo tuvo unido a su sistema sanguíneo durante 52 horas. El experimento, en el hospital NYU Langone de Nueva York, era esperanzador sobre todo por las posibilidades de que los xenotrasplantes -los trasplantes con órganos de animales- solucionen el déficit de órganos para aquellos que los necesitan.

