Un equipo de científicos de la Universidad de San Pablo, en Brasil, encontró una relación significativa entre el ejercicio físico intenso y la reducción de los ataques de pánico. El hallazgo abre una alternativa complementaria para quienes conviven con este trastorno y buscan mejorar su bienestar emocional a largo plazo.
Según el estudio, las personas que realizaron actividad física de alta intensidad de forma regular mostraron una disminución en la frecuencia y la intensidad de los síntomas asociados al pánico, como la hiperventilación, la sensación de ahogo y el miedo repentino. Los investigadores explican que el ejercicio expone al cuerpo, de manera controlada, a sensaciones similares a las de un ataque de pánico, lo que ayuda al cerebro a reinterpretarlas como no peligrosas.

Además, el entrenamiento intenso provoca cambios neurobiológicos relevantes, como la regulación de neurotransmisores vinculados a la ansiedad y el estrés, entre ellos la serotonina y las endorfinas. Esto no solo mejora el estado de ánimo, sino que fortalece la tolerancia del organismo frente a respuestas físicas extremas.
Los especialistas aclaran que el ejercicio no reemplaza la terapia psicológica ni los tratamientos médicos, pero puede convertirse en una herramienta poderosa dentro de un abordaje integral. La clave está en la constancia, la supervisión profesional y la adaptación del entrenamiento a cada persona.

El estudio refuerza la idea de que el movimiento no solo fortalece el cuerpo, sino que también puede entrenar a la mente para responder con mayor calma ante situaciones que antes generaban miedo intenso.
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