El aumento de las importaciones refleja una reactivación de la inversión, aparato productivo y demanda interna, factores determinantes para sostener el crecimiento económico del país.
En conjunto, estos rubros representaron cerca del 70% de las importaciones no petroleras, lo que evidencia que el dinamismo no se concentra en el consumo final, sino en la producción.
El crecimiento de importaciones de cereales, productos químicos, hierro y acero está directamente vinculado a sectores estratégicos como la manufactura, la construcción y la agroindustria.
Estos sectores dependen de insumos importados para mantener su competitividad, ampliar su capacidad instalada e incorporar mejoras tecnológicas. Por tanto, el aumento de estas compras externas actúa como un termómetro de mayor actividad económica y no como una señal de desequilibrio.
China se consolida como un socio clave por su oferta de maquinaria, equipos y vehículos a precios competitivos, mientras que la Unión Europea lidera en productos farmacéuticos.
Este resultado confirma la importancia de los acuerdos comerciales, la reducción de costos y el acceso a tecnología para fortalecer la productividad nacional.
El dinamismo importador se alinea con otros indicadores positivos: crecimiento de exportaciones, aumento del crédito, mayores ventas internas y recuperación de la confianza empresarial y del consumidor. En contraste con 2024, cuando inversión y consumo cayeron simultáneamente, 2025 muestra una economía que vuelve a moverse sobre bases productivas.
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