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El enemigo silencioso del hígado

Imagen de Por: Milena Palacios

Por: Milena Palacios

Ultima actualización: 2026-06-03 09:30:23

Imagen: Envato
Imagen: Envato

El hígado graso es una enfermedad silenciosa. Muchas personas pueden tenerla durante años sin presentar síntomas claros, hasta que aparece en un examen de rutina o cuando ya existen complicaciones. Por eso, los especialistas insisten en mirar con más atención lo que se consume a diario.

Un reciente metaanálisis publicado en la revista científica Frontiers in Nutrition analizó datos de más de 500.000 participantes y encontró una relación entre el alto consumo de alimentos ultraprocesados y un mayor riesgo de desarrollar hígado graso no alcohólico, condición que actualmente también se conoce como enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica.

Según la investigación, quienes consumen más ultraprocesados presentan un 22% más riesgo de padecer esta enfermedad frente a quienes los consumen en menor cantidad. Además, por cada aumento del 10% en la ingesta de estos productos, el riesgo se incrementó en un 6%.

¿Cuáles son los ultraprocesados?

No se trata de un solo alimento, sino de una categoría de productos muy presentes en la rutina diaria. Entre ellos están las galletas industriales, cereales azucarados, salchichas, sopas instantáneas, comida rápida, papas fritas, snacks empaquetados, bebidas azucaradas y productos listos para calentar.

El problema no es comerlos una vez de forma ocasional, sino convertirlos en parte habitual de la dieta. Suelen tener altos niveles de azúcares añadidos, grasas saturadas, sodio y aditivos, además de poca fibra, vitaminas y minerales.

Con el tiempo, este patrón alimentario puede favorecer el aumento de peso, la resistencia a la insulina y la acumulación de grasa en el hígado.

Una enfermedad que avanza sin avisar

El hígado graso ocurre cuando se acumula grasa en las células del hígado. En sus primeras etapas puede no causar molestias, pero si progresa puede generar inflamación, fibrosis, cirrosis e incluso aumentar el riesgo de cáncer hepático.

También está relacionado con problemas metabólicos como obesidad, diabetes tipo 2, colesterol alto e hipertensión. Por eso, los médicos recomiendan prestar atención a los hábitos alimenticios y realizar controles si existen factores de riesgo.

¿Cómo reemplazarlos?

Los expertos recomiendan hacer cambios sencillos y sostenibles. En lugar de gaseosas o jugos industrializados, optar por agua, agua con limón o infusiones sin azúcar. En vez de snacks empaquetados, elegir frutas, yogur natural, frutos secos o tostadas integrales.

También se puede reemplazar embutidos como salchichas o jamones procesados por proteínas de mejor calidad, como pollo, pescado, huevo, legumbres o cortes magros preparados en casa. Los cereales azucarados pueden cambiarse por avena, granola sin azúcar añadida o pan integral.

La clave está en volver a alimentos menos procesados: frutas, verduras, granos integrales, legumbres, frutos secos, aceite de oliva, pescado y preparaciones caseras.

No se trata de prohibir, sino de reducir

Los especialistas aclaran que ningún alimento aislado destruye el hígado por sí solo. El riesgo aparece cuando los ultraprocesados desplazan a una alimentación equilibrada y se consumen todos los días.

Por eso, la prevención no depende de dietas extremas, sino de decisiones repetidas: comer más natural, moverse con frecuencia, controlar el peso, evitar el exceso de alcohol y realizar chequeos médicos.

El hígado trabaja en silencio, pero también responde bien cuando se cambian los hábitos a tiempo.

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