Ir al supermercado es una rutina tan común que casi nadie se detiene a pensar cómo compra los alimentos. Sin embargo, especialistas advierten que un hábito aparentemente inofensivo puede abrir la puerta a enfermedades gastrointestinales serias e incluso infecciones graves.
El problema no suele estar en qué se compra, sino en cómo se manipulan los alimentos desde el carrito hasta la casa.
El error más común: romper la cadena de frío
Uno de los descuidos más frecuentes es dejar para el final o peor, para el inicio la compra de carnes, lácteos y productos congelados, y luego pasar largo tiempo fuera del refrigerador.
Cuando estos alimentos permanecen a temperatura ambiente, las bacterias pueden multiplicarse rápidamente. Aunque luego se guarden en la nevera, el daño ya puede estar hecho.

Otros descuidos que suman riesgo
A este error se le suelen sumar otros hábitos cotidianos:
- Colocar carnes crudas junto a frutas o verduras en el carrito o en la bolsa
- Usar bolsas reutilizables sin lavar, donde se acumulan restos de alimentos
- No revisar fechas de caducidad o envases dañados
- Hacer varias paradas antes de llegar a casa con productos refrigerados
Todo esto aumenta el riesgo de intoxicaciones alimentarias que pueden ser leves… o terminar en urgencias médicas, especialmente en niños, adultos mayores y personas con defensas bajas.

Cómo comprar mejor (sin complicarse)
Los especialistas recomiendan pasos simples pero efectivos:
- Dejar carnes, lácteos y congelados para el final de la compra
- Separar alimentos crudos de los listos para consumir
- Llevarlos directo a casa y refrigerarlos cuanto antes
- Lavar las bolsas reutilizables con frecuencia
- Usar conservadoras térmicas si el trayecto es largo
Hacer las compras no debería ser un acto automático. Pequeños descuidos pueden tener consecuencias grandes, y prestar atención a cada paso es una forma sencilla de cuidar la salud de toda la familia.

