El panorama de José Serrano, el controversial exministro del Interior y expresidente de la Asamblea Nacional, luce complicado.
La vorágine de la Asamblea Constituyente, planteada por el presidente Daniel Noboa, ha puesto temporalmente en segundo plano el futuro de Serrano, antiguo favorito del correísmo y hoy caído en desgracia.
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Sin embargo, los plazos corren de forma inexorable. Y más temprano que tarde, tendrá que responder por las causas planteadas en su contra. Solo resta establecer cuáles llegarán primero. Y en qué país.
Tiempos de persecución
Si alguien conoce al detalle las travesuras del exministro, es Galo Lara Yépez. Durante su paso por la Asamblea, precisamente en el gobierno correísta, sostuvo con Serrano –y con toda la plana mayor del socialismo del Siglo 21- una interminable lista de conflictos políticos.

En “Vera a su Manera”, con la conducción de Carlos Vera, Lara repasa la forma en que el entonces funcionario, aprovechando su poder, consiguió que lo condenaran junto a su pareja, Carolina Llanos, por el supuesto asesinato de una familia en Quinsaloma, provincia de Los Ríos. Caso conocido como “La Masacre de Quinsaloma”.
El exlegislador fue finalmente arrestado en Panamá. Y para asegurarse de la máxima humillación posible, Serrano, encabezando un séquito de 14 personas, todas ellas altas personalidades del correato, viajó a ese país a cerciorarse de que la entrega fuera ampliamente registrada y profusamente difundida en medios.
Esa fue la imagen proyectada entonces de Lara, al llegar a Ecuador. Esposado y vestido con el traje naranja de preso. Irónico, dice. Es el mismo “outfit” que hoy tiene que gastarse en una prisión de Florida, Estados Unidos, donde está detenido desde el 7 de agosto.
Por cierto, aclara que no fue arrestado, pese a lo que dice su círculo, por una “infracción de tránsito”. Para nada. Allanaron su domicilio con helicópteros y patrullas, a fin de evitar que escapara.

Un detalle muy importante: esa casa donde vivía pertenece a Xavier Jordán, el mismo empresario vinculado como presunto autor intelectual del asesinato de Fernando Villavicencio, y que habría ganado mucho dinero con la venta de medicinas al Estado.
El exlegislador apunta algo más: Serrano sabe perfectamente las múltiples investigaciones abiertas en su contra, en Ecuador y Estados Unidos. Por eso busca la forma de conseguir un habeas corpus. Pero una cosa es pedirlo, y otra que se lo den. No faltaba más.
La justicia de Nueva York lo tiene presente. Y cuenta con el aporte de dos “extraditados”, que seguramente contarán todo lo que saben para tratar de recortar sus condenas. Se trata de “Alias Fito” y “Alias Gerard”, cabecillas de bandas criminales, y muy ligados al exministro del Interior. Su confesión sería fundamental en la causa.
Lo sabe todo
De seguro, apunta Lara, hay mucho que preguntarle al detenido en Florida. Por ejemplo, cómo hizo para forjar un patrimonio de millones de dólares, cuando apenas llegó con poco más de 100.000.
Y de los casos en su contra, hay muchos y muy bien documentados. No solo la muerte de Villavicencio, sino el crimen de Fausto Valdiviezo, el general Gabela y el intento de secuestro de Fernando Balda en Colombia. Un detalle que no es menor, ya que en ese país un delito semejante no prescribe.

Si Serrano pisa suelo colombiano y es apresado, podría recibir hasta 28 años de cárcel. Casi nada.
Las evidencias son cuantiosas. Por ejemplo, los testimonios de un antiguo policía, que revela la orden que le dio el entonces ministro de entregar cédulas ecuatorianas a militantes de las Farc, o de distribuir armas a “Los Choneros”.
Una demostración, agrega, de los nexos de la RC5 con la narcopolítica, en pago por el financiamiento a la campaña electoral de Correa.
La Constituyente

Fuera del caso de José Serrano, Galo Lara se da tiempo para aplaudir la decisión del presidente Daniel Noboa, de convocar a una Asamblea Constituyente. Por más que la Conaie, financiada por el correísmo y ciertas fundaciones extranjeras, traten de paralizar el país.
El objetivo es evidente, dice: quieren desestabilizar al Gobierno y la democracia, por orden del prófugo de Bélgica.

