El resultado de la elección presidencial de Perú era aún incierto este lunes, a las 07h10, se formula un empate técnico entre la derechista Keiko Fujimori y el izquierdista Roberto Sánchez para definir al noveno mandatario del país en una década.
Con el 92,8 % de las actas escrutadas, Fujimori reunía el 50,1% de los votos, frente a un 49,8% de Sánchez.
Esa ventaja de menos de un punto corre riesgo de evaporarse a medida que sigan llegando los votos de las zonas rurales, donde Sánchez ha dominado.
Para declarar un ganador deberán además ser revisadas actas impugnadas que contienen unos 400.000 votos, lo que puede llevar días.

En su cuarto intento de llegar a la presidencia, la hija del expresidente autócrata Alberto Fujimori (1990-2000) enfrentó a Sánchez, heredero político del exmandatario Pedro Castillo, preso por un fallido autogolpe de Estado de 2022.

Sánchez, congresista y exministro de 57 años, reivindicó al expresidente Castillo. Como lealtad, lleva el sombrero campesino que le regaló, prometió indultarlo, y lo visitó el domingo en la cárcel.
Delincuencia imparable

Pese al hartazgo político, la mayor preocupación de los peruanos es la inseguridad. Han proliferado las bandas criminales y las denuncias de extorsión aumentaron nueve veces en cinco años.
Fujimori receta mano dura: militarizar cárceles y zonas conflictivas, y expulsar migrantes para acabar con la criminalidad con la “misma fuerza” con que su padre venció a la insurgencia en los años 1990.
Sánchez propuso encarar la corrupción en la policía y la justicia, ante lo que denuncia como una complicidad de las élites políticas con los criminales.
El triunfador recibe:
El ganador recibirá un Perú económicamente estable, con crecimiento del PIB de 3,4%. Pero siete de cada diez trabajadores están en la economía informal.
