El grupo chií Hezbolá lanzó nuevos ataques contra el norte de Israel, en un episodio que vuelve a poner en evidencia la fragilidad del alto el fuego vigente en la región. Según el Ejército israelí, los misiles fueron detectados e interceptados tras activar las alarmas antiaéreas.
La ofensiva se produjo de forma simultánea a una reunión diplomática entre representantes de Líbano e Israel en la Casa Blanca, donde se buscaban avances hacia un acuerdo que permita frenar los ataques y estabilizar la situación en la frontera.
Hezbolá justificó sus acciones como una respuesta a supuestas violaciones del alto el fuego por parte de Israel, señalando bombardeos en el sur del Líbano. Pese a la tregua, la violencia no ha cesado: al menos tres personas murieron y otras dos resultaron heridas en recientes ataques israelíes en territorio libanés.
Las Fuerzas de Defensa de Israel indicaron que lograron interceptar los proyectiles lanzados desde Líbano, aunque el intercambio de fuego mantiene en alerta a la población civil en ambos lados de la frontera.

Este repunte de hostilidades ocurre en un contexto geopolítico complejo, en el que Estados Unidos e Irán mantienen contactos indirectos para sostener un frágil equilibrio en la región. Sin embargo, Hezbolá no forma parte de estas negociaciones, lo que limita el alcance de cualquier posible acuerdo.
Desde la entrada en vigor del alto el fuego, autoridades libanesas han reportado más de 200 violaciones del acuerdo, incluyendo bombardeos, ataques de artillería y enfrentamientos armados. Este escenario refleja la dificultad de sostener la tregua en medio de intereses cruzados y tensiones históricas.
El conflicto actual se intensificó tras operaciones conjuntas entre Estados Unidos e Israel contra Irán, lo que motivó la intervención de Hezbolá en apoyo a Teherán. Desde entonces, la ofensiva israelí sobre territorio libanés ha dejado miles de víctimas, agravando la crisis humanitaria en la zona.
