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Lácteos e inflamación: lo que dice la evidencia más reciente

Imagen de Por: Milena Palacios

Por: Milena Palacios

Ultima actualización: 2026-06-11 16:39:13

Imagen ilustrativa creada con lA
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Durante años se repitió la idea de que “los lácteos inflaman”. Pero la evidencia médica actual muestra un panorama más matizado: para la mayoría de las personas, la leche, el yogur, el queso o el kéfir no parecen provocar inflamación crónica. De hecho, varias revisiones clínicas señalan que su efecto suele ser neutral o incluso ligeramente favorable sobre marcadores inflamatorios como la proteína C reactiva, la interleucina-6 o el TNF-α. Una revisión sistemática sobre lácteos y proteínas lácteas encontró efectos neutrales o beneficiosos en biomarcadores de inflamación, mientras que un metaanálisis de 2025 sobre proteínas de leche no halló impactos importantes en citoquinas y adipocinas. (Taylor & Francis Online)

La diferencia parece estar en qué tipo de lácteo se consume. Los fermentados, como el yogur natural, el kéfir y algunas leches fermentadas, son los que más interés han despertado porque pueden influir en la microbiota intestinal. Una revisión publicada en Nutrition Reviews analizó 37 estudios y encontró que ningún trabajo reportó un impacto dañino de los lácteos fermentados sobre la salud intestinal; varios estudios observaron mejoras en síntomas digestivos y reducciones de marcadores inflamatorios, especialmente TNF-α.

El punto clave está en el intestino. Allí conviven la microbiota, la barrera intestinal y buena parte del sistema inmune. Algunos lácteos fermentados pueden modificar bacterias intestinales, aumentar ácidos grasos de cadena corta —compuestos asociados con una mejor función intestinal— y actuar sobre señales vinculadas a la permeabilidad de la barrera intestinal. Sin embargo, los investigadores advierten que no hay una “bacteria mágica” ni un efecto idéntico para todos: la respuesta depende del producto, la salud de la persona, su dieta habitual y su microbiota de base.

También se ha estudiado qué ocurre después de comer, es decir, la inflamación postprandial. Algunos ensayos con comidas altas en grasa han observado que el yogur o la leche acidificada pueden reducir ciertos marcadores inflamatorios después de la comida, aunque otros estudios muestran efectos neutros. Por eso, la conclusión no es que los lácteos “curen” la inflamación, sino que no hay evidencia sólida para afirmar que la causen en personas sanas. (Advances in Nutrition)

Los lácteos no son automáticamente inflamatorios. La evidencia más reciente apunta a que, en personas sin alergia ni intolerancia marcada, pueden formar parte de una alimentación saludable. La mejor opción suele ser priorizar lácteos simples y fermentados, como yogur natural o kéfir, y evitar convertirlos en postres cargados de azúcar. Como casi siempre en nutrición, el problema no está en un solo alimento, sino en el patrón completo de la dieta.

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