La tensión entre Pakistán y Afganistán alcanzó su punto más crítico desde 2021. En la madrugada del 26 de febrero de 2026, fuerzas paquistaníes bombardearon Kabul, Kandahar y Paktia tras intensos combates en la Línea Durand, la frontera en disputa entre ambos países.
El ministro de Defensa paquistaní, Khawaja Asif, calificó la ofensiva como el inicio de una “guerra abierta”. Islamabad afirmó que actuó en respuesta a una incursión coordinada de fuerzas afganas un día antes.
Asif aseguró que su país agotó la vía diplomática y acusó al régimen talibán de alinearse con intereses de India. El Gobierno paquistaní sostiene además que el grupo insurgente Tehreek-e-Taliban Pakistan (TTP) opera desde territorio afgano con tolerancia de Kabul. Las autoridades afganas rechazan esa versión y denuncian violaciones a su soberanía.
Las cifras de víctimas difieren según la fuente. El portavoz paquistaní Mosharraf Zaidi informó que los bombardeos dejaron 133 combatientes talibanes muertos y más de 200 heridos, además de la destrucción de 27 puestos afganos.
Desde Kabul, el portavoz talibán Zabihullah Mujahid confirmó los ataques y los calificó de “cobardes”, aunque inicialmente negó víctimas en la capital. El Ministerio de Defensa afgano sí reportó 13 civiles heridos en ataques previos en Nangarhar.

Por su parte, Afganistán aseguró que sus fuerzas causaron la muerte de hasta 55 soldados paquistaníes en operaciones de represalia en Kandahar, Helmand y Kunar. El ministro de Información de Pakistán, Attaullah Tarar, negó esa cifra y reconoció solo dos bajas.
La escalada rompe el frágil alto el fuego vigente desde octubre. Días antes, nuevos bombardeos dejaron al menos 17 muertos y aumentaron la tensión en la frontera.
Con tropas desplegadas en la Línea Durand y anuncios de represalias más amplias, la región entra en una etapa de alta incertidumbre y riesgo de conflicto prolongado.
