Es tiempo de reuniones festivas por navidad y fin de año, encuentros que traen consigo el consumo de alcohol, que en ocasiones, suele salirse de control y causar severos daños a la salud, incluso a largo plazo. Investigadores ajustan criterios sobre la cantidad de alcohol para minimizar riesgos.
En la actualidad, los científicos están afinando sus recomendaciones sobre la cantidad de alcohol que se puede consumir sin aumentar en gran medida el riesgo de problemas de salud. Aunque el consumo de alcohol es una parte habitual de la vida social para muchas personas, las advertencias sobre sus posibles efectos adversos en la salud son cada vez más graves.

En Estados Unidos, una comisión federal recomienda que los hombres no consuman más de dos bebidas al día y las mujeres no más de una. Cualquier cantidad superior a esta, advierten, puede incrementar notablemente el riesgo de desarrollar cáncer, enfermedades cardíacas y hepáticas, entre otras condiciones.
Estudios han demostrado que el alcohol contribuye a varios tipos de cáncer, incluyendo el cáncer de mama y el colorrectal. Además, está asociado con enfermedades cardíacas y hepáticas. La única manera de evitar completamente los problemas de salud relacionados con el alcohol es no consumirlo en absoluto. Aunque muchas personas optan por eliminar el alcohol de sus vidas, para otros esto no es viable. Según las investigaciones, el riesgo de cáncer aumenta cuando se supera el promedio de una bebida diaria.
Efectos específicos del alcohol en el cuerpo
El alcohol afecta al cuerpo de varias maneras, algunas de las cuales pueden tener consecuencias graves a largo plazo. Cuando el cuerpo metaboliza el alcohol, se descompone en acetaldehído, una sustancia tóxica que puede dañar el ADN y las proteínas. Además, el consumo de alcohol genera moléculas reactivas que contienen oxígeno, las cuales pueden dañar proteínas, grasas y ADN en las células.
El alcohol también puede aumentar los niveles de estrógeno en el cuerpo, una hormona vinculada al cáncer de mama. Estos procesos biológicos subrayan el vínculo entre el consumo de alcohol y el desarrollo de ciertos tipos de cáncer. Además, el daño hepático es otra consecuencia bien documentada del consumo excesivo de alcohol, que puede llevar a condiciones graves como la cirrosis.
Un estudio reciente del Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos indicó que se podrían prevenir aproximadamente 16.800 muertes al año si los adultos que consumen más alcohol del recomendado redujeran su ingesta. Este hallazgo resalta la importancia de moderar el consumo de alcohol para mejorar la salud pública.
Según el Instituto Nacional del Cáncer (NCI) de los Estados Unidos, los bebedores moderados tienen un riesgo 1,8 veces mayor de desarrollar cánceres de cavidad oral y garganta y un riesgo 1,4 veces mayor de desarrollar cánceres de laringe en comparación con los no bebedores. Los bebedores compulsivos tienen un riesgo 5 veces mayor de padecer cáncer de cavidad oral y laringe y 2,6 veces mayor de cáncer de laringe.
Estrategias para su consumo sin afectarse
Para aquellos que deciden consumir alcohol, existen varias estrategias que pueden ayudar a reducir los riesgos asociados. Una de las recomendaciones más eficaces es alternar entre bebidas alcohólicas y no alcohólicas. Esto no solo ayuda a reducir el consumo total de alcohol, sino que también permite que el cuerpo procese el alcohol de manera más gradual. Beber despacio y espaciar las bebidas también puede disminuir la cantidad total de alcohol ingerido en una sesión, reduciendo así el riesgo de efectos negativos.
Otra estrategia importante es evitar el consumo de alcohol con el estómago vacío. Comer antes y durante la ingesta de alcohol puede ralentizar la absorción del mismo, disminuyendo su impacto en el cuerpo. Estas prácticas simples pueden contribuir para lograr mitigar los daños potenciales del alcohol en la salud.
Diferencias en el impacto del alcohol entre hombres y mujeres
El consumo de alcohol afecta de manera diferente a hombres y mujeres debido a varias diferencias biológicas. Las mujeres tienen niveles más bajos de una enzima que descompone el alcohol en el cuerpo, lo que resulta en una absorción más rápida y una mayor susceptibilidad a sus efectos. Además, el cuerpo femenino contiene menos agua y más grasa que el masculino, lo que también contribuye a una concentración más alta de alcohol en la sangre. Por estas razones, las mujeres son más vulnerables a los daños del alcohol incluso a niveles más bajos de consumo.
Nigel Brockton, vicepresidente de investigación del Instituto Americano de Investigación Oncológica, explicó a The Wall Street Journal que el mayor riesgo para las mujeres que beben más se debe sobre todo al cáncer de mama. Los demás cánceres relacionados con el consumo de alcohol son más frecuentes en varones.

