La vida digital no desaparece automáticamente cuando una persona fallece. Redes sociales, correos electrónicos y cuentas bancarias siguen activas durante un tiempo, pero su gestión depende de políticas específicas y procesos legales.
En el caso de aplicaciones como WhatsApp o servicios como Gmail, las cuentas suelen eliminarse tras largos periodos de inactividad. Algunas plataformas permiten configurar opciones previas, como contactos de confianza o administradores de cuenta, que pueden acceder o gestionar la información tras el fallecimiento.
Por otro lado, las cuentas bancarias no se eliminan automáticamente. Los fondos y productos financieros pasan a formar parte de la herencia. Para acceder a ellos, los familiares o herederos deben realizar trámites legales que incluyen la presentación de certificados de defunción, testamentos y documentos que acrediten su derecho sobre esos bienes.
Este proceso puede variar según el país y la entidad financiera, pero en general busca garantizar que el dinero sea entregado de forma legal y segura.
Especialistas recomiendan dejar organizadas las credenciales digitales y establecer instrucciones claras en vida para evitar complicaciones a los familiares. En un mundo cada vez más digital, planificar también el “legado online” se vuelve tan importante como cualquier otro aspecto patrimonial.

