Ecuador atraviesa un nuevo escenario en su sistema eléctrico. La importación de energía, principalmente desde Colombia, se redujo a niveles mínimos y obligó al país a reforzar su generación interna para cubrir la demanda diaria.
Según cifras del Operador Nacional de Electricidad (CENACE), este domingo 25 de enero el sistema requirió en promedio 3 900 megavatios. Para atender ese consumo, el país incrementó el uso de centrales hidroeléctricas y termoeléctricas, mientras la importación quedó prácticamente descartada.
Importación cae a menos del 1 %
Los datos oficiales muestran que el 67,5 % de la energía provino de fuentes hidroeléctricas. La generación térmica aportó el 31,8 %. La importación apenas representó el 0,06 % del total, mientras que otras fuentes renovables alcanzaron el 0,5 %.
Este escenario contrasta con el registrado apenas tres días antes. El jueves 22 de enero, Ecuador aún cubría cerca del 6 % de su demanda con energía importada. En ese momento, la generación hidroeléctrica aportaba el 64,1 % y la térmica el 30,2 %.
Mayor presión sobre el sistema interno
La suspensión del suministro desde Colombia obligó al país a compensar alrededor de 300 megavatios adicionales con producción propia. Para lograrlo, el sistema incrementó en casi dos puntos la generación térmica y en aproximadamente tres puntos la hidroeléctrica.
Este ajuste refleja una mayor presión sobre las centrales nacionales, especialmente en un contexto en el que el equilibrio entre generación y consumo resulta clave para evitar racionamientos o fallas en el suministro.
Coca Codo Sinclair lidera el aporte hidroeléctrico
Dentro del parque hidroeléctrico, la central Coca Codo Sinclair continúa como el principal soporte del sistema eléctrico ecuatoriano. Su aporte supera al del resto de centrales del país.
Le siguen Minas San Francisco, Paute y Sopladora. Más atrás se ubican Mazar y otras centrales de menor capacidad, que complementan la generación nacional para sostener el abastecimiento diario.
Las autoridades del sector energético mantienen el monitoreo permanente del sistema, mientras Ecuador opera con una dependencia mínima de la energía importada y prioriza el uso de sus recursos internos.

