La mañana en Jerusalén se tiñó de tragedia. Un ataque terrorista contra un autobús de pasajeros dejó al menos seis personas fallecidas y varios heridos. Los disparos desataron el pánico entre quienes viajaban y transitaban por la zona.
Los dos atacantes, residentes de Cisjordania, fueron abatidos en el mismo lugar por un civil armado y un miembro de las fuerzas de seguridad. La rápida reacción evitó más víctimas, pero no pudo borrar el dolor de una jornada marcada por el miedo y la incertidumbre.
Familias enteras quedaron conmocionadas, y hospitales locales se movilizaron para atender a los heridos. Autoridades y líderes internacionales condenaron el atentado, mientras crece la preocupación por una nueva escalada de violencia en la región.

Este hecho vuelve a poner sobre la mesa una pregunta difícil: ¿cómo proteger la vida cotidiana de quienes solo buscaban llegar a su destino en paz?

