Un simple análisis de sangre podría convertirse en una herramienta clave para anticipar el riesgo de demencia décadas antes de que aparezcan los primeros síntomas. Un estudio liderado por investigadores de la Universidad de California encontró que ciertos biomarcadores presentes en la sangre permiten identificar señales tempranas de deterioro cognitivo hasta 25 años antes del diagnóstico.
La investigación siguió durante aproximadamente un cuarto de siglo a un grupo de mujeres mayores de 65 años con el objetivo de observar cómo evolucionaban algunos indicadores biológicos asociados con enfermedades neurodegenerativas. Los resultados mostraron que quienes presentaban niveles más altos de una proteína conocida como p tau217 tenían una mayor probabilidad de desarrollar deterioro cognitivo con el paso de los años.
Los científicos explican que esta proteína está vinculada con los procesos biológicos que caracterizan al Alzheimer, la forma más común de demencia. Cuando sus niveles aumentan en la sangre, pueden reflejar cambios que también ocurren en el cerebro, incluso cuando la persona aún no presenta problemas evidentes de memoria o pensamiento.
De acuerdo con los autores del estudio, el hallazgo refuerza la idea de que las enfermedades neurodegenerativas comienzan a desarrollarse mucho antes de que aparezcan los síntomas. Detectarlas de forma temprana podría abrir la puerta a estrategias de prevención, cambios en el estilo de vida o tratamientos que retrasen su progresión.
La demencia es actualmente uno de los mayores desafíos de salud pública en el mundo. Según estimaciones de la Organización Mundial de la Salud, más de 55 millones de personas viven con algún tipo de demencia, y cada año se registran cerca de 10 millones de nuevos casos. El envejecimiento de la población mundial hace que estas cifras sigan creciendo en las próximas décadas.

En los últimos años, la ciencia ha avanzado en la búsqueda de biomarcadores que permitan detectar el Alzheimer antes de que se produzca un daño cerebral significativo. Tradicionalmente estos indicadores se identificaban mediante estudios complejos como la tomografía por emisión de positrones o el análisis del líquido cefalorraquídeo, procedimientos que pueden resultar costosos o invasivos.
Los análisis de sangre representan una alternativa más simple y accesible. Permiten medir proteínas asociadas con el Alzheimer como p tau217, p tau181 o la beta amiloide, que se acumulan en el cerebro durante el desarrollo de la enfermedad.
Los investigadores señalan que aún se necesitan más estudios para confirmar estos resultados en poblaciones más amplias y diversas. Sin embargo, consideran que este tipo de pruebas podría formar parte en el futuro de controles médicos rutinarios para evaluar el riesgo de demencia.
Para los especialistas, la detección temprana no solo ayudaría a los médicos a planificar tratamientos, sino también a que las personas adopten hábitos que protejan la salud cerebral. Factores como la actividad física, una alimentación equilibrada, el control de la presión arterial y la estimulación cognitiva han demostrado influir en la reducción del riesgo de deterioro mental.
El estudio aporta una pieza más al creciente cuerpo de evidencia que busca entender cómo se desarrolla la demencia y cómo se puede intervenir antes de que afecte de manera irreversible la memoria y la capacidad de pensar.
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