El presidente Guillermo Lasso ha planteado la posibilidad de un diálogo con el sector indígena para así resolver una paralización que ya lleva cinco días.
Desde hace algunos días atrás se ha hecho común escuchar, por ciertas calles del sur, centro y norte de Quito, que los pitazos de camiones y gritos de indígenas que apoyan al paro, rompen la cotidianidad de quienes por ese trayecto viven, trabajan o simplemente pasan. En ciertos casos ha sucedido que los bocinazos y los gritos han sido acompañados por actos violentos contra bienes de ciudadanos que estaban por la zona.
La Policía asegura ya haber identificado ese proceder y se cree que esto se viene ejecutando como parte de una estrategia para causar la “sensación de caos”. No serían grupos grandes los que actúan de esa forma, se aclara, pero el objetivo sería generar esa sensación en la población.
“Hay algunos vehículos que están circulando por la ciudad. Se quiere dar la impresión que tienen grandes cantidades de vehículos en la ciudad y son los mismos que salen de Cutuglagua (cantón Mejía) hacia la ciudad (de Quito), se dan una vuelta y regresan nuevamente (a Cutuglagua). („,) Son procesos que se vienen ejecutando como una estrategia para causar la sensación de caos en puntos focalizados que son neutralizados por la Policía Nacional”, explicó el general Fausto Salinas, comandante de la Policía.
Una situación similar a esta ocurrió la mañana del martes último en el sector de Cutuglagua, límite de los cantones Mejía y Quito. Ahí se mantienen protestando, desde el lunes pasado, un grupo de indígenas de la provincia de Cotopaxi que viven desde hace muchos años en la zona y al que se les han juntado otros llegados desde provincias del sur del país.
Luego de reuniones entre los manifestantes que estaban ubicados en plena avenida Maldonado, una buena parte de ellos subió a camiones y camionetas que estaban apostadas en la vía y en otras transversales. Los vehículos usados -que eran entre 15 y 20- tenían las placas tapadas y llevaban un gran número de personas en sus cajones y baldes, a tal punto que hasta colgados por fuera iban los protestantes.
José Pallo, un miembro activo de la organización indígena que apoya el paro nacional indefinido, aseguraba que los camiones solo iban a transitar por la avenida Maldonado, hasta el redondel de la Villaflora, al sur de la ciudad, y retornarían a Cutuglagua. Según él, eso era parte de la marcha pacífica que se activó para que el Gobierno de Guillermo Lasso de respuesta a diez puntos planteados desde el sector indígena.
Esa idea de marcha pacífica se contradecía con los amedrentamientos que se reportaban por una radio policial que tenía en sus manos el oficial que estaba a cargo de la zona. No solo se reportaba que vehículos que estaban por la zona sufrían el ataque a sus llantas por parte de manifestantes que en sus manos llevaban palos con puntas de metal y varillas afiladas, sino también que los comerciantes que estaban en el trayecto de los manifestantes cerraban sus locales y pedían resguardo a las autoridades.
El tener vehículos circulando constantemente de esta forma buscaría demostrar que los indígenas y la protesta continúa y que los manifestantes, pese a lo ocurrido con Leonidas Iza, presidente de la Confederación de Nacionalidades Indígenas (Conaie) quien fue detenido y se le abrió un proceso penal por hechos ocurridos en estas protestas, no han dejado de tener presencia en la ciudad.
A lo largo de la capital durante estos días de protesta se han presentado un sin número de bloqueos de diversas magnitudes en las vías. En unos casos las calles y avenidas han sido abiertas luego de procesos de diálogo entre la Policía y los manifestantes, mientras que en otros caso se hizo presión con agentes del mantenimiento del orden para rehabilitar la movilidad.
Lo particular que se ha dado en la mayoría de casos es que una vez la Policía abandona los lugares donde estaba el bloqueo, los manifestantes vuelven a obstaculizar las vías y el proceso vuelve a repetirse varas veces en el día.
Rosa Blanco es comerciante y tiene un negocio de artículos varios en la avenida Maldonado en el sector de Guamaní. Ella asegura que tiene a uno de sus hijos encargado de estar pendiente si vienen los carros con los manifestantes, pues teme que le ataquen para obligarla a cerrar o peor aún que saqueen su pequeño negocio, como ha visto en redes sociales.
Reconoce que los altos costos de los productos actualmente también la afectan y entiende las razones del paro, pero está en contra de que se agreda y que por miedo o bajo amenazas se obligue a cerrar los negocios. Blanco afirma que sus ventas han bajado totalmente en estos días e indica que así como va el paro se aleja cada vez más la posibilidad de tener alguna ganancia por el Día del Padre.
Fuente: El Universo

