El expresidente Correa respalda siempre a Luisa González en todo conflicto
La presencia política de la Revolución Ciudadana (RC5) se ha vuelto escenario central de muchos análisis, acentuados en el último año.
¿Crece, decrece o se estanca?
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Las cifras revelan que ha perdido la fuerza arrasadora de antaño, pero es innegable que todavía goza de un alto porcentaje de simpatías.
Declinación
A nivel electoral, el correísmo fracasó en su intento de recuperar el poder por la vía democrática. Tal como Andrés Arauz en el 2021 y por ella misma en el 2023, Luisa González fue derrotada nuevamente por Daniel Noboa en los comicios generales de principios del 2025. En la primera vuelta por poco margen, pero en el balotaje, por cerca de un millón de votos.

Durante varios meses, González y su líder, el expresidente Correa, intentaron sostener la tesis del fraude cometido con la “tinta mágica” en las papeletas, que se transfería de un candidato a otro. Su denuncia, que nunca pudo ser sustentada con pruebas científicas, se vino al piso cuando surgió otra aún más grave, y que apuntaba a ellos.
El origen fue el decomiso de los teléfonos celulares de Augusto Verduga, entonces vocal del Consejo de Participación Ciudadana. La Fiscalía estableció chats, en los cuales planeaban la forma de tomarse la justicia y los organismos de control.
González se identificaba en las conversaciones con el alias de “Rana René”, que lo acompaña todavía, mientras que Correa era “Ají con Mote”. La publicación de los chats fue un durísimo golpe, porque demostraba el propósito oculto de la RC5. Un propósito que arrastraba desde años atrás.
De forma paralela, varios legisladores de la bancada correísta dejaban sus filas, y se adherían al movimiento ADN. Suficientes como para que la balanza, hasta entonces equilibrada, se inclinara a favor del oficialismo en el nuevo periodo, iniciado en mayo pasado.
Ya sin poder, las figuras revoltosas de la RC5 perdieron espacio de opinión y protagonismo, hasta quedar reducidas a redes sociales. Se terminaron los golpes sobre la mesa, los gritos, los insultos y las lágrimas.
Desde entonces, su postura en la Asamblea es de oposición radical. No importa lo que ADN proponga, o si es positivo para el país. Recibirá un “NO” del bloque revolucionario.
Deserciones
Dos deserciones fueron las más importantes dentro de las filas correístas. La primera, la de la legisladora Jhajaira Urresta, a raíz de los insultos que recibió de Luisa González, y la segunda, más reciente, la de Marcela Aguiñaga, prefecta del Guayas, y una de las figuras más fuertes del partido.

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En ambos casos, la insistencia de Correa al defender a González fue el factor determinante, pese a que perdió 2 elecciones.
En mandos medios también se han registrado muchas bajas. Pero para el expresidente, se trata de elementos traidores. Ni más ni menos.
Caso Glas
Dentro de los casos judiciales que viven las figuras correístas, hay que destacar 3: el de Wilman Terán, el de Jorge Glas, y el del propio Correa.

Terán, quien fuera presidente del Consejo de la Judicatura, recibió largas condenas por manipular y vender fallos judiciales a narcotraficantes.
Cuando el delito se hizo evidente, la RC5 se limitó a votar en contra de una censura en la Asamblea Nacional, pero nada pudo hacer por evitar la condena penal.
La situación de Correa no muestra cambios. Tiene sentencias en firme por el Caso Sobornos que no quiere cumplir, y permanecerá sin derechos políticos durante los próximos 25 años. Por ahora recorre el mundo, con su base de operaciones en Bélgica, y su regreso al país, al menos por ahora, es una utopía. Suficiente como para que sus rivales políticos le restrieguen un término que rechaza: el de “prófugo”.

Y sobre Jorge Glas, no hay muchas esperanzas. Debe cumplir al menos 12 años por corrupción en el Caso Reconstrucción de Manabí, más otras penas pendientes por Sobornos y Odebrecht.
Sus sistemáticos pedidos de libertad, incluyendo algunos Hábeas Corpus, han sido rechazados, pese a que argumenta sufrir de hasta 18 enfermedades, incluyendo algunas mentales. Los médicos de la prisión son tajantes: muchos de esos síntomas, por no decir todos, son fingidos. Al menos ya no dice ver sangre en las paredes.

