La epidemia global de obesidad está entrando en una nueva etapa. Un amplio análisis publicado en Nature, con datos de más de 232 millones de personas en 200 países entre 1980 y 2024, encontró que el aumento de la obesidad comienza a estabilizarse o incluso disminuir en algunas naciones de altos ingresos, mientras sigue acelerándose en países de ingresos bajos y medios. (Nature)
El estudio señala que países como Estados Unidos, Reino Unido, Francia o Alemania muestran una desaceleración en el crecimiento de la obesidad, especialmente entre niños y adolescentes. En algunos casos, las tasas parecen haberse estancado desde mediados de los años 2000. Sin embargo, en regiones de América Latina, África, Asia y el Caribe, la tendencia continúa en aumento y genera preocupación por el impacto futuro en los sistemas de salud. (The Guardian)
Factores del aumento de peso
Los investigadores explican que el fenómeno no depende solo de decisiones individuales. Detrás del aumento de peso hay factores estructurales: mayor consumo de alimentos ultraprocesados, bebidas azucaradas, urbanización acelerada, menos actividad física, trabajos más sedentarios y menor acceso a alimentos frescos y saludables. En muchos países pobres, comer barato suele significar consumir productos con alta densidad calórica y bajo valor nutricional.

En los países desarrollados, la estabilización podría estar relacionada con políticas públicas, etiquetado nutricional, impuestos a bebidas azucaradas, mayor conciencia sobre alimentación y mejores sistemas de prevención. Aun así, los expertos advierten que la obesidad sigue siendo alta y desigual: afecta con más fuerza a los sectores con menos ingresos, incluso dentro de naciones ricas. (Le Monde.fr)
El análisis deja una conclusión clara: la obesidad no es inevitable, pero tampoco se resuelve solo con “comer menos”. Para frenar su avance se necesitan políticas de salud pública, educación alimentaria, acceso a comida saludable, espacios seguros para moverse y regulación de productos que favorecen el consumo excesivo. En América Latina, el desafío es urgente porque el aumento sostenido puede traducirse en más diabetes, hipertensión, enfermedades cardiovasculares y presión sobre hospitales en los próximos años.
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