A pocos días de que comience la COP30 en Bélem, el gobierno de Brasil autorizó la perforación petrolera en la desembocadura del río Amazonas, una decisión que ha provocado una ola de protestas por parte de comunidades indígenas y organizaciones ecologistas.
El permiso, concedido a la petrolera estatal Petrobras, permitirá explorar una zona considerada clave por su biodiversidad y su papel en el equilibrio climático global. Para los ambientalistas, la medida contradice los compromisos internacionales de Brasil y envía una señal negativa justo antes de la cumbre climática.
“No se puede hablar de transición verde mientras se abre la puerta al petróleo en el corazón del Amazonas”, denunció una líder indígena de la región, que participó en una manifestación en Manaos.
Desde el gobierno, las autoridades defendieron la decisión argumentando que la exploración se realizará “con criterios técnicos y sostenibles”, y que el país necesita aprovechar sus recursos energéticos para sostener el desarrollo económico.
Sin embargo, analistas advierten que la decisión podría tener un efecto boomerang: en lugar de mostrar liderazgo ambiental, Brasil llegará a la COP30 envuelto en críticas y con su imagen internacional en entredicho.

