Un grupo de investigadores identificó un circuito cerebral que podría explicar por qué algunas personas sienten el impulso de seguir comiendo alimentos sabrosos incluso cuando ya no tienen hambre.
El hallazgo fue publicado en la revista científica Science y se centra en la llamada alimentación hedónica, un comportamiento asociado al consumo de alimentos por placer, más que por una necesidad fisiológica de energía.
La investigación fue desarrollada en modelos animales por científicos vinculados a la Universidad de California y el Instituto Médico Howard Hughes. Según el estudio, un circuito neuronal ubicado entre el peri-locus coeruleus y el área tegmental ventral del cerebro cumple un papel clave en el consumo de alimentos palatables, es decir, aquellos que resultan especialmente agradables por su sabor, textura o composición.
El papel de la dopamina
Los investigadores encontraron que ciertas neuronas productoras de dopamina en el área tegmental ventral, conocida como VTA, ayudan a sostener el consumo de alimentos placenteros. La dopamina es un neurotransmisor relacionado con los circuitos de recompensa, motivación y placer.
Durante los experimentos, cuando los científicos aumentaron artificialmente la actividad de estas neuronas, los ratones comieron durante más tiempo y consumieron más alimento. En cambio, cuando redujeron su actividad, la ingesta disminuyó, aunque los animales sí iniciaban la alimentación.
Esto sugiere que el circuito no necesariamente activa el primer impulso de comer, sino que ayuda a mantener el consumo una vez que el alimento resulta placentero.
Relación con medicamentos para controlar el apetito
El estudio también analizó la relación de este circuito con fármacos agonistas del GLP-1, como la semaglutida, utilizados en tratamientos contra la obesidad y el control del apetito.
Los resultados mostraron que la semaglutida redujo temporalmente la actividad de estas neuronas y disminuyó la ingesta de alimentos. Sin embargo, tras la pérdida de peso inducida por el tratamiento, la tendencia a consumir alimentos sabrosos en exceso volvió a aparecer en los modelos estudiados.
Los autores señalan que este mecanismo podría ayudar a entender por qué los efectos de estos medicamentos no son iguales en todas las personas y por qué algunos alimentos altamente placenteros pueden contrarrestar las señales de saciedad.
Aunque el descubrimiento abre nuevas posibilidades para estudiar la obesidad, los trastornos alimentarios y el control del apetito, los investigadores advierten que se trata de un estudio realizado en ratones. Por ello, se necesitan más investigaciones para determinar cómo estos mecanismos funcionan en seres humanos.
Aun así, el hallazgo representa un paso importante para comprender mejor por qué comer no siempre responde al hambre, sino también a los circuitos cerebrales de recompensa que se activan frente a alimentos especialmente agradables.
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