Las proteínas son esenciales para reparar tejidos, fortalecer los músculos y mantenernos activos. Sin embargo, cuando se consumen en exceso, el cuerpo empieza a resentirse.
Los expertos advierten que una sobrecarga de proteínas puede generar malestares digestivos como estreñimiento o inflamación, y a largo plazo, poner presión extra sobre los riñones, responsables de filtrar los desechos. También puede afectar el hígado y alterar el equilibrio del metabolismo.

La clave está en el balance: no se trata de dejar de consumir proteínas, sino de integrarlas dentro de una alimentación variada y equilibrada que incluya carbohidratos complejos, grasas saludables, frutas y verduras. Así, el cuerpo recibe lo que necesita sin poner en riesgo su bienestar.
En definitiva, más no siempre es mejor: escuchar a tu cuerpo y mantener la moderación es la forma más inteligente de cuidar la salud.
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