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Ecuatoriano Bryan Carabalí sorprende en la Liga de Básquet de Argentina

Picture of Por: Victor Gonzalez

Por: Victor Gonzalez

Ultima actualización: 2021-04-12 06:44:18

Bryan Carabalí es uno de los cientos de deportistas esmeraldeños que por falta de apoyo de las autoridades deportivas de su provincia debieron emigrar a otras ciudades donde encontraron la oportunidad de crecer como persona, en la actividad que realizan y a nivel profesional.

Futbolistas se cuentan por cientos los que ha salido de la provincia verde y han destacado en el ámbito internacional, atletas, luchadores, voleibolistas, nadadores han sido quienes encontraron abrigo en otras provincias e hicieron su carrera deportiva y, en ocasiones, hasta en lo profesional.

A ese grupo de migrantes deportivos de Esmeraldas se une el basquetbolista Bryan Carabalí, que nacido en Calderón, población de la cabecera cantonal de San Lorenzo, triunfa y por su estatura, de 2,15 metros, es una de las figuras en el equipo Quimsa, de Argentina.

Su talla y calidad técnica lo hicieron merecedor a una nota en la página web de la Federación Internacional de Básquet Amateur (FIBA)(http://www.fiba.basketball), donde destacan su desempeño como jugador.

La nota resalta que Calderón está a unos 20 minutos de la ciudad cabecera del cantón de San Lorenzo, en la provincia de Esmeraldas, al noroeste de Ecuador, casi a orillas del océano Pacífico. En ese pequeño pueblo de alrededor de 150 habitantes nació Bryan Carabalí.

Si bien Ecuador tiene ocho ciudades que superan los 3.000 metros de altura sobre el nivel del mar, el techo del país es este joven de 21 años, que mide 2,15 metros y es uno de los pívots de Quimsa de Santiago del Estero.

“Desde pequeño he sido alto. A los 14 años empecé a desarrollarme mucho y a sacarles diferencia a los chicos de mi edad. Cuando recién había ingresado al bachillerato medía 1,83 m. Pasó un buen tiempo hasta que me volví a medir, ya estaba en los 2 metros y me sorprendí. Seguí hasta los 2,15 de ahora”, dice Bryan, algo tímido en el inicio de la conversación con Pablo Cormick para la página de FIBA.

Ángela y José Héctor, más conocido como Pepe, oscilan entre 1,70 m y 1,75 m. Ellos son la madre y el padre de Bryan. “En mi familia, tanto de parte de mi mamá como de mi papá, hay personas altas pero dentro de algo más habitual. El único que sobresale, además de mí, es Darwin, un tío que mide 2 metros”, explica Bryan, quien hoy es el ecuatoriano más alto.

El deporte que le llamaba la atención a Bryan era el fútbol: “Jugábamos en las calles y también entrenábamos en algunas canchas. Íbamos en grupo a una escuela de fútbol para probar y ver si se nos daba la oportunidad de salir a otra ciudad a jugar”.

A pesar de su notable altura, el básquetbol no le interesaba. “Un primo de mi padre que les enseñaba a los chicos fue el primero que me invitó. Sin saber que éramos parientes, me vio tan alto que me convocó. Pero lo rechacé. Le dije que no me gustaba. Había puesto por equivocación un partido en televisión, pero no entendía nada de básquetbol. Estaba tan obsesionado con ser futbolista profesional que no pensaba en otra cosa”.

Hasta que la oportunidad inicial de practicar el deporte en el que Carabalí hoy es profesional se decantó. Cursaba la secundaria en el Colegio Técnico San Lorenzo, una institución religiosa. “Me iba mal en una materia de la escuela y me propusieron jugar un torneo intercolegial y no me pude negar. Me enseñaron los movimientos básicos, aprendí rápido y me fue bien. Desde ahí comenzó a gustarme el básquetbol”, recuerda Bryan.

“Después empecé a jugar campeonatos en San Lorenzo. Una vez nos enfrentamos a un equipo reconocido de Ecuador, Asociación Deportiva Naval (ADN). Me vieron y me quisieron reclutar, que fuera marino y jugara para ellos. Pero a mí no me interesaba esa vida”, dice Bryan. Y sigue: “Cuando terminé la secundaria, tomé la decisión de ir a otra ciudad porque en mi pueblo es muy difícil salir adelante. Yo había reunido dinero para el pasaje, incluso le pedí al alcalde del cantón de San Lorenzo que me diera para comprarme unas zapatillas de básquet y como a él le gustaba el deporte lo hizo. Sin embargo, no usé lo que me dio para zapatillas sino para completar lo que necesitaba para viajar. Pero mi padre y mi madre no querían que me fuera. Igualmente me fui a Guayaquil a la casa de una tía. Si bien ella trabajaba, yo debía aportar para comprar comida porque no alcanzaba”.

Las zapatillas que no había podido comprarse, Bryan las recibió de regalo, aunque dos números más grandes. De todos modos las usó. No tenía otras. Tras un par de idas y vueltas y por un contacto con la Federación Ecuatoriana de Básquet, cuya sede está en Guayaquil, llegó una oferta. “Apareció el equipo ADN, contra el que había jugado, y me volvió a convocar con un apoyo económico. Así comencé a jugar en la Liga Nacional de Ecuador. Todo fue muy rápido”, dice Carabalí. “Ese fue mi primer trabajo. Mi padre nunca había querido que trabajara y solo una vez lo había hecho, sin su permiso, en carga y descarga de materiales. Se enojó y no volví más”, agrega Bryan.

El despegue fue veloz. Al enorme pívot ya lo observaban muchos en busca de desarrollar su carrera. Uno fue el entrenador argentino Lucas Gil, que trabaja en Ecuador desde 2017: “Yo dirigía en la Liga Nacional y cuando lo vi a Bryan intenté reclutarlo, pero no tuve los recursos necesarios para conseguirlo. Era un flaco larguísimo, pero con poca masa muscular. Intenté un tiempo después y él rechazó mi propuesta. No se veía como un jugador de básquetbol profesional”, recuerda el coach.

 

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