Nemesio Oseguera Cervantes, alias El Mencho, el líder máximo del Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG), está muerto. Y su desaparición del mapa del narcotráfico sacude una era que transformó a Ecuador en el centro logístico de la droga.
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Para los grupos de delincuencia organizada ecuatorianos que operan bajo la sombra y el financiamiento del CJNG, la noticia no se trata solo de un golpe, es una advertencia sobre la vulnerabilidad de sus propias estructuras.
¿Qué repercusiones tendrá el GDO Los Lobos?
La desaparición física de El Mencho, ocurre en un momento donde la arquitectura del narcotráfico transnacional ya mostraba grietas de fatiga.
Su muerte deja un escenario incierto para organizaciones como Los Lobos, Los Tiguerones y los Chone Killers. Estas bandas, que durante años operaron bajo el paraguas de “Nueva Generación”, dependían del flujo constante de recursos y armas que llegaban desde México.
Lo que se anticipa para el territorio ecuatoriano no es una disminución de la actividad criminal, sino una reconfiguración que, según expertos, podría derivar en una fase de violencia aún más impredecible y fragmentada, con disputas internas hasta que se produzca una transición del poder.
¿Cómo quedarían los mandos criminales? ¿Crecerá la violencia?
Uno de los efectos más inmediatos que se pueden esperar tras la caída de un líder mesiánico y vertical como El Mencho es la fractura de su organización madre en México, lo cual tendría un efecto de eco inmediato en sus socios andinos.
El experto en seguridad y narcotráfico Óscar Balderas, consultado por el canal mexicano “La Octava”, advirtió sobre la peligrosidad de las disputas sucesorias: «Hay una gran posibilidad de que esto genere más violencia porque dirían que no hay peor enemigo que un amigo que te conoce bien y aquí son gente que pertenece al mismo grupo que han estado compartiendo muchas estrategias que conocen sus puntos fuertes y sus puntos débiles».
Esta advertencia se podría aplicar en el contexto ecuatoriano, donde la cohesión de grupos como Los Lobos ha dependido históricamente del arbitraje financiero y técnico proveniente de Jalisco.
Para Ecuador, esta inestabilidad significa que los canales de comunicación y las líneas de suministro podrían volverse erráticos. Los grupos locales podrían verse obligados a tomar partido en una guerra extranjera para asegurar su supervivencia.
Ante la interrogante de si la muerte de El Mencho bajará la cantidad de droga que sale por los puertos ecuatorianos, la respuesta de los expertos, es clara: el narcotráfico es una industria de demanda, no de oferta. Mientras los mercados internacionales sigan demandando sustancias, las rutas ecuatorianas seguirán activas.
La organización International Crisis Group destaca la fragilidad de estas estructuras ante cambios bruscos en el liderazgo. En uno de sus informes, la institución recoge el testimonio de un exjefe policial: «Lo peor que puede pasar es que una alianza se rompa o que se cambie de bando».
Lo que queda en el horizonte es la incertidumbre de una anarquía de bandas locales que han aprendido lo suficiente del modelo mexicano para replicar su terror, pero que ahora carecen de una cabeza que las contenga.
Para el ciudadano común de Nueva Prosperina o Puerto López, la caída de El Mencho no significaría una noche de descanso, sino la sospecha de que los grupos locales lucharán con más fuerza para reclamar una corona que está en disputa no solo en México, sino también en el Ecuador.
