En comunidades latinas de Estados Unidos, muchas familias viven atrapadas en un mismo dilema angustiante: ¿mandar a sus hijos al colegio con la incertidumbre de que podrían ser separados por una redada migratoria? El resultado es una realidad dolorosa: un creciente ausentismo escolar que va más allá de simples números, con consecuencias profundas en el bienestar emocional y académico de los niños.
Un estudio reciente de la Universidad de Stanford revela que, en el Valle Central de California, los días posteriores a operaciones migratorias fueron testigos de un alza del 22 % en inasistencias escolares diarias un golpe más duro entre los estudiantes más pequeños.(infobae)
La situación se repite en otras ciudades: en el distrito de Highline, cerca de Seattle, el ausentismo crónico alcanzó el 48 %, mientras que en algunas escuelas secundarias de Chicago reportaron caídas de asistencia del 20 % respecto al año anterior. Esto ocurre en un contexto donde el rendimiento educativo, los recursos escolares y la salud emocional de los estudiantes se ven claramente comprometidos.
Educadores y asociaciones advierten que este fenómeno no solo afecta los resultados académicos; también siembra estrés, ansiedad y sensación de inseguridad en los niños. Y como si fuera poco, la reducción en la asistencia impacta directamente en los recursos públicos que reciben las escuelas, creando un ciclo negativo de desinversión.

Este no es un problema que los padres puedan ignorar ni una responsabilidad solo del sistema educativo. Se trata de una crisis en construcción, donde el temor define si un niño pisa el aula o se queda en casa con miedo.


