La breve reaparición de voces críticas desde Irán, tras semanas de bloqueo casi total de internet, volvió a poner en evidencia la magnitud de la represión desatada por el régimen en medio de las protestas más graves de los últimos años.
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El acceso a internet permanece severamente restringido desde el 8 de enero para frenar la expansión de las protestas.
Según organizaciones de derechos humanos y agencias internacionales, el apagón busca aislar a la población, dificultar la coordinación de las manifestaciones y limitar la difusión de imágenes y testimonios sobre la violencia ejercida por las fuerzas de seguridad.
Las protestas comenzaron el 28 de diciembre de 2025 en Teherán, inicialmente impulsadas por comerciantes y sectores urbanos golpeados por el derrumbe del rial iraní, la inflación y el deterioro de las condiciones de vida.
De las consignas económicas pasaron a un cuestionamiento directo al sistema político de la República Islámica, con manifestaciones que se extendieron a decenas de ciudades y provincias.
Respuesta inmediata y brutal del régimen
Fuerzas de seguridad, milicias basij y cuerpos policiales actuaron con munición real, detenciones masivas y despliegues militares en zonas urbanas.
La organización Human Rights Activists News Agency (HRANA), informó que ha verificado cerca de 4.000 muertes vinculadas a la represión, mientras que otros casi 9.000 fallecimientos siguen bajo investigación.
La frágil situación de la prensa independiente
Esta semana se informó que el medio Ham-Mihan se vio forzado a suspender sus operaciones debido a su cobertura crítica de los hechos. “Hemos intentado durante todos estos días escribir sobre los muertos y los heridos”, escribió Mohammadi en X, en un mensaje que resume las limitaciones impuestas al ejercicio del periodismo en el país.
El bloqueo informativo y el cierre de medios que lo cuestionan, refuerzan la percepción de un Estado que responde a la crisis con más control y menos transparencia.

