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La estrecha relación entre el cerebro y el intestino: cómo armonizar esa relación, por tu salud

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Por: L. Páramo

Ultima actualización: 2026-03-16 11:18:01

Los autores sostienen que la alteración de la microbiota intestinal puede modificar nuestra conducta y se asocia a trastornos como el autismo, la depresión o la ansiedad. Getty Images.

Nuestro intestino alberga más de 100 millones de células nerviosas y es responsable de producir el 95% de la serotonina, un transmisor cerebral relacionado con el bienestar.

Recientemente, nueva evidencia ha resaltado la importancia de la microbiota intestinal — compuesta por bacterias, virus, hongos y otros agentes microscópicos— para la salud del cuerpo y la mente.

Nuestro intestino y cerebro están conectados y se influyen mutuamente.

El intestino y el cerebro piensan: un mecanismo misterioso. Imagen Nippon.com

Todo un mundo de microorganismos habitan en la tripa

Las señales del tracto digestivo se transmiten al cerebro y provocan una serie de alteraciones. Según las últimas investigaciones, el intestino influye en las emociones, la respuesta al dolor y la conducta social mediante la interacción con los microorganismos que habitan en él.

También se ha constatado que dicha interacción es uno de los factores que intervienen en decisiones como qué elegimos comer o con qué tipo de persona nos emparejamos. Por eso se habla también del eje cerebro-intestino-microbiota intestinal.

¿Por qué se dice que el intestino «piensa» ?

Se dice que “el intestino piensa” porque el sistema digestivo tiene su propio sistema nervioso capaz de funcionar de forma bastante independiente del cerebro. A esto se le llama Sistema Nervioso Entérico, y por eso muchos científicos lo conocen como “el segundo cerebro”.

Oculto en las paredes del sistema digestivo, este “cerebro en tu intestino” está revolucionando la comprensión de la medicina de los vínculos entre la digestión, el estado de ánimo, la salud e incluso la forma en que piensas.

El ENS son capas delgadas de más de 100 millones de células nerviosas que recubren el tracto gastrointestinal desde el esófago hasta el recto, y que comunica directamente con el primer cerebro, el de tu cráneo.

El intestino y el cerebro están conectados por el Nervio Vago

El nervio vago que recorre todo tu cuerpo es el que envía señales a cerebro e intestinos. Esto explica cosas como:

  • sentir “mariposas en el estómago” cuando hay nervios
  • perder el apetito cuando estás triste
  • tener problemas digestivos con estrés

¿ Nervio vago?

Se lo llama así porque deambula por todo el cuerpo, es el nervio más largo que tenemos y recorre gran parte de nuestro cuerpo.

El nervio vago conecta el tronco cerebral con casi todos los órganos del cuerpo, con el corazón, pulmones, estómago, intestinos, páncreas, hígado, riñones, bazo y vesícula. Se mueve a través de casi todos los órganos esenciales.

¿Qué controla el cerebro de tu intestino?

A diferencia del cerebro grande en el cráneo, el intestino no puede sumar, restar, analizar, ni componer una nota de amor… pero se comunica de un lado a otro con nuestro gran cerebro, con resultados profundos. Su función principal es controlar la digestión, desde la deglución hasta la liberación de enzimas que descomponen los alimentos hasta el control del flujo sanguíneo que ayuda con la absorción de nutrientes a la eliminación.

Los investigadores están encontrando evidencia de que la irritación en el sistema gastrointestinal puede enviar señales al sistema nervioso central (SNC) que desencadenan cambios de humor, de ánimo, de conducta.

Estos nuevos hallazgos pueden explicar por qué un porcentaje más alto de lo normal de las personas con SII y problemas intestinales funcionales desarrollan depresión y ansiedad. Esos son datos importantes, porque hasta el 30% al 40% de la población tiene problemas funcionales intestinales en algún momento.

Los investigadores dicen que nuestros dos cerebros “hablan” entre sí, por lo que las terapias que ayudan a uno puede ayudar al otro. En cierto modo, los gastroenterólogos (médicos que se especializan en afecciones digestivas) son como consejeros que buscan formas de calmar el segundo cerebro.

La investigación sugiere que la actividad del sistema digestivo también puede afectar la cognición (habilidades de pensamiento y memoria). Los investigadores del Centro Johns Hopkins y otros lugares están explorando el impacto de estos hallazgos.

Otra área de interés: descubrir cómo las señales del sistema digestivo afectan el metabolismo, aumentando o reduciendo el riesgo de afecciones de salud como la diabetes tipo 2.

La microbiota también influye

En el intestino viven millones de bacterias llamadas Microbiota intestinal. Estas bacterias, virus, hongos, protozoos y otros agentes microscópicos, superan la cantidad de células humanas que posee una persona. Producen sustancias que afectan: el estado de ánimo,  la ansiedad y la energía mental.

Los especialistas explican que esta abundante comunidad mantiene una relación simbiótica con nosotros, dado que obtienen nutrientes de los alimentos que ingerimos y nos ayudan a digerir, pero también a descomponer algunos ingredientes que no podemos procesar por nosotros mismos.

En las últimas dos décadas, el conocimiento sobre la microbiota y su influencia en nuestra salud ha aumentado considerablemente.

Receta para una buena microbiota

Dados los recientes descubrimientos sobre la microbiota y la conexión entre el intestino y el cerebro, ¿es posible lograr un equilibrio perfecto entre los agentes microscópicos que habitan en nuestro intestino?

Cada persona tiene una composición diferente de bacterias, virus y otros agentes. Sin embargo, los expertos afirman que existen algunas intervenciones generales que se consideran beneficiosas para la salud intestinal. Llevar una dieta variada y equilibrada, por ejemplo, es un buen comienzo.

También se deben fomentar los probióticos (o alimentos que contienen ciertos tipos de bacterias beneficiosas para el sistema digestivo, como los yogures naturales, el kéfir, chucrút y la kombucha) y los prebióticos (es decir, ingredientes ricos en fibra que nutren la microbiota, como las frutas y las verduras).

Para mejorar la microbiota intestinal, enfoque su alimentación en el consumo diario de fibra (frutas, verduras, legumbres, cereales integrales) y alimentos fermentados (yogur, kéfir, chucrut). Reduzca azúcares, carnes rojas y alimentos ultraprocesados. Ejercicio regular, descanso adecuado y manejo del estrés son clave.

 

 

 

 

 

 

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