Durante el ciclo menstrual, muchas mujeres notan un aumento de antojos, sobre todo por alimentos dulces o ricos en carbohidratos. Lejos de ser solo “falta de fuerza de voluntad”, los especialistas explican que este fenómeno tiene una base biológica y emocional ligada a los cambios hormonales.
En la fase premenstrual, los niveles de estrógeno y progesterona fluctúan. Esto puede afectar neurotransmisores como la serotonina, relacionada con el estado de ánimo y la sensación de bienestar. Cuando la serotonina baja, el cuerpo tiende a pedir alimentos que la eleven rápidamente, como el azúcar o los carbohidratos refinados.
El cansancio también juega un papel clave. Dormir poco o mal durante esos días altera las hormonas del apetito, aumentando el hambre y reduciendo la saciedad. Por eso, la falta de descanso suele intensificar los antojos y la irritabilidad.

Los hábitos diarios pueden marcar una gran diferencia. Distribuir bien las comidas a lo largo del día ayuda a mantener estables los niveles de glucosa en sangre. Incluir proteínas y fibra en cada comida como huevos, legumbres, yogur, frutas y verduras aporta mayor saciedad y reduce los picos de hambre.
Además, mantenerse hidratada, realizar actividad física suave y no saltarse comidas contribuye al equilibrio emocional y fisiológico. No se trata de eliminar los antojos, sino de entenderlos y responder de forma más consciente a lo que el cuerpo necesita en esa etapa.
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