El cortisol es una hormona producida por las glándulas suprarrenales y cumple un papel importante en la respuesta del cuerpo ante el estrés. Sus niveles varían de forma natural durante el día: suelen ser más altos en la mañana, para ayudar al organismo a activarse, y disminuyen progresivamente hacia la noche.
Sin embargo, en situaciones de estrés, falta de sueño, ansiedad, exceso de trabajo o hábitos poco saludables, pueden producirse aumentos repentinos de cortisol, conocidos como picos de cortisol.
Estos picos no siempre son negativos. De hecho, el cortisol ayuda al cuerpo a reaccionar ante situaciones de alerta, regula la energía, participa en el metabolismo y contribuye al funcionamiento del sistema inmunológico. El problema aparece cuando los niveles se mantienen elevados con frecuencia o durante largos períodos.

Cuando esto ocurre, el organismo puede verse afectado. El exceso de cortisol se ha relacionado con cansancio constante, dificultad para dormir, cambios de humor, aumento del apetito, acumulación de grasa abdominal, problemas digestivos, presión arterial elevada y menor capacidad de concentración.
Un informe de The Times analizó el creciente interés por esta hormona y cómo su popularización ha impulsado nuevas tendencias de bienestar. También abrió un debate entre especialistas, ya que no todos los cambios en el cortisol representan un problema de salud. Para los expertos, lo importante no es evitar por completo esta hormona, sino mantener un equilibrio saludable.
Para reducir el impacto del estrés y evitar alteraciones frecuentes, se recomienda dormir bien, realizar actividad física de forma moderada, mantener horarios regulares, cuidar la alimentación, limitar la cafeína y practicar técnicas de relajación.
Si los síntomas son persistentes o afectan la calidad de vida, lo más recomendable es acudir a un profesional de la salud para una evaluación adecuada
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