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Ecuador: julio 24, 2024

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Ecuador, julio 24, 2024
Ecuador Continental: 12:24
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La caída de Danilo Rueda pone en alerta al resto de ministros: “Nadie es intocable”

El País .- El presidente Gustavo Petro quiere resultados en el corto plazo y para ello no dudará en prescindir de quien sea necesario “Nadie es intocable”, desliza una fuente de la Casa de Nariño, la residencia presidencial de Colombia. Gustavo Petro quiere resultados en el corto plazo que saquen del letargo a su Gobierno y para ello no dudará en prescindir de quien sea necesario, como ha sido el caso de Danilo Rueda, el comisionado de Paz al que ha destituido de la noche a la mañana y sin mayor consideración. Los miembros del Gabinete saben que, llegados a este punto, ninguno es indispensable. El presidente, insisten estas mismas fuentes, considera que todo marcha muy despacio y que ya ha dado demasiado tiempo a algunos proyectos que no terminan de arrancar. El ministro que no cumpla con esos plazos tendrá los días contados. Petro tiene fama de cortar cabezas sin miramientos desde su época como alcalde de Bogotá, entre 2012 y 2015. Era común que provocara crisis en su Administración que concluían en cambio de nombres en los cargos más relevantes. Los que le conocen señalan que puede tener paciencia, pero que de repente, de un momento a otro, se le puede agotar y actuar de manera tajante. El caso de Rueda sirve como ejemplo al resto de funcionarios. En las últimas semanas ha habido rumores de cambios de ministros y de asesores muy cercanos, pero por ahora no son más que eso, conversaciones en voz baja en Palacio. Sin embargo, todo el mundo está alerta. “Al presidente le trasnocha no conseguir resultados en breve”, añaden. Hay varias señales de que la destitución de Danilo Rueda sorprendió a los involucrados, a pesar de que el alto comisionado había sufrido un evidente desgaste e incluso había congresistas que pedían insistentemente su renuncia. La decisión no se había comentado en sus círculos cercanos. La Oficina del Alto Comisionado de Paz incluso había convocado para este jueves una rueda de prensa que debió cancelar después del mensaje del mandatario. Más allá del escueto trino presidencial, en Casa de Nariño guardan como un secreto qué fue lo que detonó, la razón última, el despido de Rueda. En el Gobierno de la paz total, que implica dialogar en simultáneo con todos los grupos armados, la posición del comisionado cobra una enorme relevancia. Es la política bandera del presidente, para bien o para mal. Danilo Rueda impregnó el cargo con su personalidad. Sus críticos apuntan que solía caer en la improvisación en una posición que requiere estrategia. En el camino, tuvo fricciones en varios momentos con el ministro de Defensa, Iván Velásquez. En especial en torno a las negociaciones con las disidencias del llamado Estado Mayor Central. Incluso sostuvieron un tira y afloja sobre la presencia de militares en el corregimiento de El Plateado, un pueblo del cañón del río Micay, en el Cauca, donde operan los disidentes. También se mostró desarticulado con el ministro de Justicia, Néstor Osuna, ante la necesidad de un marco jurídico para el sometimiento de los grupos que no tienen un estatus político (y del cual todavía carece la paz total). Todas esas escaramuzas pudieron haberle hecho tambalear. Más allá de los desencuentros en el alto Gobierno, la salida de Rueda, que por momentos parecía omnipresente, implica un remezón considerable y ha puesto a todos los ministros en alerta. Sienten sus cargos amenazados. Petro se ha caracterizado desde sus tiempos como alcalde por ser inescrutable en cada ocasión en que decidió sacudir su equipo. En la Presidencia no ha sido diferente. En el año y medio en el poder, el presidente ya ha tenido dos grandes crisis de gabinete, y otros relevos a cuentagotas. Ya suma 30 ministros, alguna cartera ya ha tenido hasta tres encargados, y solo quedan siete de los 18 ministros originales (en Exteriores, Defensa, Justicia, Trabajo, Ambiente, Vivienda y Comercio). Desde que cumplió un año en el poder, el pasado agosto, no había hecho hasta ahora nuevos ajustes. Varios ministerios arrastran desgaste en la opinión pública, entre ellos algunos de los más codiciados. Como Interior, la cartera más política, en la que Luis Fernando Velasco no ha podido mejorar ostensiblemente la relación con el Congreso que tuvo Alfonso Prada. Defensa, un sector siempre neurálgico para un país que no consigue pasar la página del conflicto armado, con el ministro Velásquez en la diana de la oposición. O la Cancillería, con un Álvaro Leyva eclipsado por la diplomacia presidencial a punta de trinos a la que Petro suele recurrir. Junto a Interior, Defensa y Exteriores, la columna vertebral del Gobierno la completa el ministerio de Hacienda, que permanece en manos de Ricardo Bonilla, quien ya había sido muy cercano a Petro en tiempos de la Alcaldía. Por ahora, las carteras más determinantes se mantienen en manos de los sectores más afines. Pero nadie está a salvo. Las especulaciones acerca de los ajustes del equipo de ministros ―que en Colombia se conocen coloquialmente como gabinetología― vienen desde hace meses. Rueda puede ser el preludio en un momento de expectativa sobre una apertura que incluya a otros sectores políticos, el acuerdo nacional que Petro suele invocar. El Ejecutivo ha entablado conversaciones para armar (o rearmar, en realidad) una coalición más amplia que le permita tramitar una agenda legislativa que incluye reformas que enfrentan muchas resistencias, en especial la que afecta a la salud. Esta semana, Petro sostuvo dos reuniones clave que mostraron un talante más conciliador, una con los grandes empresarios y otra con el expresidente Álvaro Uribe. “No más sonajeros errados”, trinó el propio Petro este jueves al replicar una información que sostenía que Iván Velásquez dejaría su cargo. Para más de un observador, al mandatario le ha llegado el momento de relanzar su Gobierno. Con sus reformas atascadas en el Congreso, el revés en las elecciones regionales de octubre fresco y su popularidad alicaída, el Ejecutivo está en búsqueda de la gobernabilidad extraviada. La esperada remodelación del Gabinete para encarar la crisis refrendada en los comicios, aunque el presidente reniegue de los números de

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El ELN asegura que no ha liberado al padre de Luis Díaz porque siguen los operativos militares

El País .- La Fuerza Pública comienza a retirar tropas de la frontera con Venezuela, donde se encontraría ‘Mane’ Díaz El Ejército de Liberación Nacional (ELN) ha asegurado en la noche de este domingo, a través de un comunicado, que no ha liberado aún al padre de Luis Díaz porque el Ejército sigue realizando operativos en la zona donde lo tiene secuestrado. “La zona sigue militarizada, realizan sobrevuelos, desembarco de tropas, peritoneos, ofrecen recompensas y una intensa operación de rastrillo. Esta situación no permite la ejecución del plan de liberación de manera rápida y segura, en donde no corra riesgo el señor Luis Manuel Díaz”, declaró la guerrilla. Advirtió, además, que “si continúan los operativos en el área, retrasarán la liberación y se aumentarán los riesgos”. Cerca del mediodía de este lunes, el Ejército comenzó a retirar tropas de la frontera con Venezuela, como pidió el grupo armado. Lo confirmó en un comunicado el coronel Giovanni Montañez, vocero de las Fuerzas Militares. “Por orden del comando general de las Fuerzas Militares, se ordena a las tropas del Ejército que están en la operación de búsqueda del señor Luis Manuel Díaz hacer un reposicionamiento para dar las garantías de entrega de este secuestro. De igual manera, en el resto de la jurisdicción, se siguen haciendo las operaciones de seguridad y de estabilidad”, dice en un video compartido con varios medios de comunicación. Según informó el pasado jueves el ministro de Defensa, Iván Velásquez, Díaz se encontraría en la Serranía del Perijá, una estribación de la Cordillera de los Andes que comparten Colombia y la vecina Venezuela. Comunicado del ELN del 5 de noviembre de 2023. El pasado viernes, horas después de que el presidente Gustavo Petro dijera que el ELN había “hecho un acto que va contra el mismo proceso de paz”, ese grupo armado aseguró que había iniciado el proceso para liberarlo. “A partir del momento se inicia su proceso de liberación y queremos evitar cualquier incidente”, se leía en un texto firmado por el Frente de Guerra Norte de esa guerrilla. El frente señaló que el comando responsable estaba dedicado a “misiones económicas” y que los secuestradores no sabían que estaban raptando al padre del famoso futbolista. “Al verificarse que se trata del padre de Lucho Díaz, se orienta su liberación por ser un familiar del gran deportista que queremos todos los colombianos”, explicaba el comunicado. Sin embargo, más de 72 horas después, sigue en manos del ELN. Mane Díaz fue raptado el 28 de octubre junto a su esposa, Cilenis Marulanda, en una gasolinera en Barrancas (La Guajira). La madre del futbolista quedó en libertad ese mismo día, en medio de un gran repudio nacional e internacional por este delito. Pero el padre no corrió la misma suerte. Ya suma diez días sin libertad, y ni los esfuerzos del Gobierno ni los llamados de su hijo —que publicó este domingo su propio comunicado en el que reclamó la libertad para su padre― han tenido efecto. “Pido al ELN, la pronta liberación de mi papá”, escribió Lucho Díaz en una carta emotiva. “Cada segundo, cada minuto crece nuestra angustia; mi madre, mis hermanos y yo estamos desesperados, angustiados y sin palabras para describir lo que estamos sintiendo. Este sufrimiento solo terminará cuando lo tengamos de vuelta en casa”, suplicó el jugador del Liverpool inglés. Un día antes, había celebrado de manera sombría un gol en un partido contra Luton Town. En llanto, exhibió una camiseta que llevaba debajo de la de su uniforme con la frase: “Libertad para papá”. El secuestro ha causado una escalada de tensiones entre el Estado y el ELN. La situación se da en medio de las negociaciones paralelas entre el Gobierno y los varios grupos armados que siguen activos en el país en el marco de la política de paz total, uno de los proyectos más emblemáticos y ambiciosos de la Administración Petro. Esa guerrilla, precisamente, es el grupo más grande y más antiguo de los que están involucrados en esas discusiones. Las negociaciones con el ELN, además, son las más avanzadas de todas. En agosto, tras ocho meses de conversaciones, entró en vigor un cese al fuego que está vigente hasta febrero. El rapto tensiona ese acuerdo y la negociación en general, motivo por el que el pasado miércoles viajó a Cuba el jefe de la delegación del Gobierno en la mesa, Otty Patiño, para reunirse con los negociadores de esa guerrilla. En las siguientes horas, se formó un gabinete de crisis en el Palacio de Nariño, que publicó un comunicado en el que exigía al grupo armado que liberara inmediatamente a Mane Díaz. Sin embargo, el Estado todavía no ha podido recuperarlo. Esta situación es uno de los dos fuertes golpes que ha sufrido la política de la paz total en la última semana. Al mismo tiempo que intenta rescatar al padre de Díaz, el Gobierno se enfrenta a una crisis con otro grupo armado que está involucrado en las discusiones, las disidencias de las Farc conocidas como Estado Mayor Central (EMC). Este fin de semana, el EMC publicó un comunicado en el que anunció “la suspensión del proceso de diálogo y la agenda con el Gobierno nacional”, tras un tenso tira y afloje sobre la presencia de militares en el corregimiento de El Plateado, en el cañón del río Micay (Cauca).

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El ELN le hace jaque a la paz total de Petro

EL PAÍS .-El ataque de la guerrilla que deja nueve militares muertos pone en peligro toda la arquitectura de la estrategia de paz que tiene el presidente.   Gustavo Petro lleva media vida promoviendo un discurso de paz después de haber sido un joven y miope guerrillero que creía en la lucha armada para llegar al poder, más como una ensoñación que como un propósito realizable. Hace unos meses, estaba convencido de que podría trasladar ese transformación que él mismo vivió en persona a los dirigentes del ELN, unos hombres con modales de seminaristas que han sobrevivido décadas escondidos en las profundidades de la selva. Sin embargo, la negociación con ellos resulta tan ardua que ahora mismo pone en peligro lo que Petro ha llamado la paz total, la ausencia absoluta de violencia en Colombia. Un acuerdo para no matarse más que está en el aire.   El presidente quiso que el diálogo avanzara rápido y por eso anunció en vísperas de año nuevo un alto el fuego que en realidad no existía. No fue ni una confusión ni un malentendido. Creía, y así lo ha contado a este periódico gente que trabaja de cerca con él, que una vez anunciado el armisticio la guerrilla no tendría más opción que acatarlo. Era un movimiento audaz, una jugada que empata con su personalidad, pero que no dejaba de ser arriesgada. Le salió mal. El ELN tardó tres días en desmentirle y dejarle claro que nadie les iba imponer acuerdos que estuvieran fuera de la mesa negociación. Desde entonces, Petro espera con ansias el alto el fuego mientras el ELN se muestra impasible, convencido de que sería un suicidio bajar la guardia en medio de la guerra que libra en sus territorios.   Pero después del ataque en la madrugada del miércoles que dejó nueve militares muertos y ocho heridos, resulta inaplazable una discusión sobre el tema. Así lo ha hecho saber el jefe de los negociadores del Gobierno, Otty Patiño, que le da prioridad absoluta a exigir un alto el fuego y de hostilidades en la reunión de urgencia que ha convocado Petro para el lunes después del atentado. El ELN, de todos modos, no opina igual, las urgencias no son lo suyo. El comandante Pablo Beltrán ha dicho que ese acuerdo supone quedarse como una estatua y eso los pone en riesgo. Beltrán está convencido de que las fuerzas armadas colombianas están compinchadas con los otros grupos armados con los que se disputa el territorio, el Clan del Golfo y otros ejércitos derivados del paramilitarismo.   El asunto resulta clave porque sin acuerdo con el ELN no hay paz total que valga, todo se desmorona. Un acuerdo con esa guerrilla, que se ha sentado a hablar sin ningún éxito con otros seis presidentes, son los cimientos sobre lo que debe construirse el resto, la primera piedra de la iglesia. Las condiciones son inmejorables para el ELN, que enfrente tiene a un Gobierno de izquierdas con el que comparte muchos postulados. Hasta ahora nunca había tenido una oportunidad semejante, en esa mesa de negociación hay gente como Patiño, exguerrillero del M-19, o María José Pizarro, hija del líder de esa guerrilla asesinado en plena campaña presidencial de los años noventa. Gente que ha llegado a la izquierda por senderos parecidos.   Esta no ha sido la primera crisis que ocurre en la negociación. La primera surgió a raíz del alto el fuego que Petro se fabricó de la nada y la segunda a cuenta de unos tuits del presidente en los que comparaba a la guerrilla con el narcotraficante Pablo Escobar. Hubo una tercera de menor calado, una minicrisis, que se zanjó con una reunión entre las partes por una entrevista que dio a este periódico Pablo Beltrán. Se refirió en términos muy duros a los negociadores del Gobierno, aunque empezaba con una declaración entusiasta a la pregunta de que por qué esta vez iba a ser la negociación definitiva después de seis fracasadas: “La novedad es que tenemos un Gobierno progresista que tiene en su programa lograr la paz. Coincide con nosotros en que la paz es una urgencia del país y lo único que nos hace viables como nación. Somos socios en este asunto”.   Ese factor todavía no ha sido determinante, no ha logrado dar un impulso. Hay mucho en juego. Petro ansía el alto el fuego y el ELN lo retrasa. Hasta que eso ocurra se pueden dar matanzas como la de los militares, a la que a buen seguro responderá el Ejército con una ofensiva. En resumen, más muertos.

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Sintonía total entre la delegación del Gobierno y el ELN: “El momento exige cambios de fondo en Colombia”

Las partes coinciden en llegar a un acuerdo para empezar a acabar con la violencia y la exclusión en el país Tomás José Sanabria era un arquitecto en sus treinta maravillado con la escuela Bauhaus cuando recibió el encargo de levantar un hotel en la cima del cerro Ávila. Su vista domina toda la ciudad de Caracas. A determinadas horas de día, los clientes caminan por sus pasillos con la sensación de flotar entre las nubes, que se esparcen bajo sus pies tras las cristaleras que dominan todo el conjunto. En ese enclave, la delegación del Gobierno de Colombia y los guerrilleros del ELN han mostrado este lunes una sintonía total durante su primer día de conversaciones. El ambiente ha sido relajado, sin ningún momento que haya incomodado a nadie. Parecía de lo más normal que el representante de los ganaderos, José Félix Lafaurie, el miembro más derechista de la delegación encargada por Petro, charlara animadamente apoyado en una muleta con Pablo Beltrán, el jefe de negociadores de grupo armado, un hombre que hace 50 años se inició en la guerrilla cuando era estudiante de ingeniería petroquímica. No es fácil encontrar en el universo dos planetas más distantes. Caracas ha sido el lugar elegido para el inicio de las conversaciones, lo que supone un punto a favor para el chavismo, que con la llegada de Petro al poder se ha reenganchado a la escena internacional. Sin embargo, se espera que las conversaciones se lleven a cabo también en Cuba y Noruega. En las conversaciones con el Gobierno de Santos ya se contemplaba una sede rotativa entre varios países latinoamericanos –Ecuador, donde arrancó la fase pública, pero también Brasil, Venezuela, Chile o Cuba–. Ese escenario vuelve a estar abierto ahora que la región vive una ola de gobiernos progresistas después de una década en la que apenas tuvieron presencia. Las partes emitieron una declaración conjunta en la que señalaban que volver a negociar era una exigencia de los territorios rurales y urbanos que padecen la violencia y la exclusión en Colombia. “Priorizando a los sectores históricamente marginados para un presente y un futuro de dignidad, derechos plenos y democracia auténtica para que Colombia sea una potencia de la vida humana”, continuaba el texto. Las últimas seis palabras las esgrimió en campaña electoral el presidente Petro, una muestra más de que el discurso que mantienen unos y otros es coincidente en muchos aspectos. Lo demostró también Beltrán, que dijo esperar en el Gobierno un interlocutor con los mismos intereses. “Entendemos el momento de cambio que vive Colombia, en las calles y en las urnas, y que exige que haya cambios de fondo. Entendemos ese momento, nos hacemos responsables. Esta mesa, apuntamos a que sea un instrumento de esa ola de cambios que pide la sociedad, y esperamos no fallar”, agregó. El clima de inicio era muy diferente al que se vivió entre el Gobierno y las FARC con Juan Manuel Santos, donde las dos delegaciones se mostraban más reticentes y cautelosas. En juego había muchas más muertes y un clima bélico en el aire. Años atrás, al levantarse de una mesa, un guerrillero ciego que se llamaba Jesús Santrich se despidió así de los negociadores del Gobierno: “Nos vemos dentro de 10.000 muertos”. El encargado de Petro en los asuntos de paz, Danilo Rueda, un hombre que destaca desde lejos por unas gafas gruesas de pasta color mostaza, explicó que en cuanto se llegue a un acuerdo parcial, comenzará a cumplirse. Eso debe dar seguridad a los guerrilleros de que no les va a dar de lado en cuando dejen las armas. Se mostró confiado en llegar a un acuerdo con ellos y así conseguir superar “dinámicas de muerte”. Confirmó que habían conectado las partes: “Hemos encontrado en pocas horas sintonía con la delegación de paz del ELN. Este es un momento histórico y no podemos ser menores ante la responsabilidad que tenemos con las generaciones presentes y futuras”. Al frente de la negociación, Petro ha puesto a un viejo amigo con quien militó en el M-19, Otty Patiño. Es politólogo y tiene 77 años. Una elección nada extraña, el Gobierno de Petro está lleno de políticos muy veteranos, aunque sus dos personas más cercanas en el día a día no han cumplido los 30. Patiño recordó que hace casi 40 años el M-19 entregó las armas tras negociar con el Gobierno y abrir una discusión para cambiar la Constitución, cosa que acabó ocurriendo. De ahí salió el texto más progresista de la historia de este país. “Fue una paz precaria, pero abrió las puertas para una institución que proclamó el Estado de derecho”, dijo, y agregó una queja habitual entre políticos de izquierdas: el país tienes las leyes y los artículos constitucionales progresistas, pero que nunca se han llevado a la práctica. Aseguró que la actitud de la delegación del ELN ha sido seria, amable y responsable. “Están disposición de llegar a la paz real”. Fuente: El País

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