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Ecuador: julio 23, 2024

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Ecuador, julio 23, 2024
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Elon Musk se suma al ‘boom’ de la inteligencia artificial con una nueva compañía

El País .- El magnate anuncia el lanzamiento de xAI, que en su opinión, ayudará a “comprender la realidad” Bastaron menos de 10 palabras para que Elon Musk anunciara un nuevo emprendimiento. El magnate ha entrado al negocio de la inteligencia artificial con xAI, una nueva compañía que, en su opinión, ayudará a “comprender la realidad” y la naturaleza del universo. La empresa se ha estrenado en las redes sociales lanzando una pregunta de corte filosófico: “¿Cuáles son las preguntas más fundamentales que permanecen sin respuesta?”. Es el más reciente golpe de efecto del hombre más rico del mundo, quien vive horas bajas en Twitter, la plataforma que compró el año pasado y cuya existencia se ha visto amenazada tras el lanzamiento de Threads, respaldada por el gigante tecnológico Meta.   El equipo de xAi ha presentado este miércoles a través de una página web. Está encabezado por Musk y formado por otros 11 ingenieros, todos hombres, quienes tienen experiencia en proyectos como DeepMind de Google, OpenAI y Microsoft. Son talentos que han ayudado a desarrollar las versiones 3.5 y 4 de ChatGPT, que ha significado un antes y un después en el sector con más de 100 millones de suscriptores en los primeros dos meses tras su lanzamiento. El equipo hará su presentación oficial este viernes en una charla en Spaces, de Twitter. El anuncio ha dejado claro que están contratando nuevos perfiles.   No es la primera vez que Musk se interesa en la inteligencia artificial. El empresario lleva más de diez años apostando por el desarrollo de herramientas de este tipo, algunas de estas ya están en funcionamiento en Tesla. Pero ha sido en los meses recientes y, sobre todo, a raíz del éxito de ChatGPT que ha decidido pisar el acelerador. En marzo, él y su socio, Jared Birchall, registraron el nombre de la compañía ante las autoridades de Nevada. Un mes después, ya estaba en negociaciones para convencer a los inversionistas de su empresa automotriz y de SpaceX para hacerse de recursos frescos para inyectar en xAI. De acuerdo al diario Financial Times, Musk compró miles de procesadores de Nvidia, una empresa que se disparó en bolsa por el boom de la inteligencia artificial.   El dueño de Tesla y SpaceX estuvo vinculado con OpenAI, la empresa que lanzó el robot ChatGPT. Musk abandonó la junta del consejo de la compañía en 2018. Desde entonces, ha criticado abiertamente a la empresa, a quien ha calificado de estar en manos de Microsoft, que ha invertido 13.000 millones de dólares en el desarrollo del chatbot.   A finales de marzo, la de Musk fue una de las voces más relevantes en medio de un coro de la industria que pidió cautela en la nueva ola de AI. A través de una carta abierta, expertos y ejecutivos de tecnológicas pidieron ua tregua de seis meses para pausar el avance de las investigaciones. El argumento era que estas herramientas representan “profundos riesgos para la sociedad y la humanidad”. El documento hacía referencia a las reglas del juego adoptadas por varios desarrolladores y capitanes de industria en 2017 en una conferencia convocada por el instituto Future of Life. Estas acordaban dedicar un intenso cuidado a los recursos éticos y económicos invertidos en los bots ante la profunda capacidad que tienen para “cambiar la historia de la vida en la tierra”.   El lanzamiento de xAI parece atender a estas preocupaciones. Además del equipo de 12 hombres que conforma la nueva empresa, la compañía ha sumado también a Dan Hendrycks, un doctor de Berkeley que dirige el Centro para la Seguridad de la Inteligencia Artificial (CAIS, por las siglas en inglés). Es una organización sin fines de lucro basada en San Francisco que investiga el desarrollo del sector y se enfoca en reducir potenciales daños para la sociedad. La organización ofrece becas para estudiar filosofía e imparte cursos que ayuden a detectar anomalías en la programación, entre otros elementos.   Hendrycks, junto con otros dos autores, explicaba en un ensayo reciente publicado por la universidad de Cornell que existen cuatro grandes categorías en las que la IA puede representar un daño a la sociedad. La primera es que grupos o individuos utilicen la herramienta con malas intenciones. La segunda es la carrera entre compañías por desarrollar, que puede provocar que la prisa o las presiones de inversionistas pongan a disposición de los usuarios versiones inacabadas o imperfectas que otorguen demasiado control a los algoritmos. La tercera son los riesgos organizacionales, cómo la interacción de errores humanos y sistemas complejos pueden tener como resultado “accidentes catastróficos”. La última es quizá la más temida, los programas que aprovechen una inteligencia muy superior a la humana para rebelarse contra la sociedad. “Nuestro objetivo es promover una profunda comprensión de estos riesgos e inspirar esfuerzos colectivos para asegurarnos de que la IA sea empleada de forma segura”, dice Hendrycks en el ensayo.

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El centro de San Francisco se vacía en una lenta decadencia

El País .- El cierre de negocios minoristas, el aumento de delitos contra la propiedad y la crisis de las tecnológicas profundizan el éxodo de barrios que fueron vibrantes. La torre Salesforce domina el paisaje de San Francisco. Con sus más de 300 metros de altura, el edificio reclama un puesto destacado del centro de la ciudad. Pero la imponente edificación con forma de misil y con una instalación lumínica en lo más alto tiene un problema: está prácticamente vacía. La compañía de gestión empresarial, la principal empleadora en la urbe de las tecnológicas, sufre desde hace meses dolores de cabeza para que sus 12.000 empleados vuelvan a la oficina. Después de haber decretado en 2021 la muerte del horario laboral de nueve a cinco, Salesforce ha dado marcha atrás a un modelo híbrido entre presencialidad y teletrabajo. Este mes prometió donar 10 dólares a organizaciones sin ánimo de lucro por cada trabajador que acuda físicamente a la torre entre la calle Mission y la primera avenida. Salesforce asegura que desde febrero ha logrado que el 40% de su plantilla vuelva a la oficina.   Solo unas manzanas más allá, sobre la segunda avenida, se encuentran las ruinas de Alexander. La librería independiente celebró en abril 32 años desde que abrió sus puertas en una de las zonas más turísticas de San Francisco, a solo unos pasos de Embarcadero, en la orilla oriental de la ciudad. Su vitrina luce hoy un gran letrero color naranja con la palabra “cerrado”. “Lamentamos tener que cerrar y dejar a San Francisco sin una librería más, especialmente en este barrio”, dice una nota pegada en la puerta para los despistados que no se enteraron de la liquidación en sus tres pisos de 50.000 títulos con un 25% de descuento.   El local a la izquierda de la librería anuncia que está en alquiler y cuenta con equipo de cocina a la espera de que alguien se anime a poner un restaurante en una zona que era vibrante hace algunos años. La historia se repite con el edificio a la derecha, una antigua sucursal bancaria. La inmobiliaria Jones Lang LaSalle anuncia que tiene disponibles casi 1.000 metros cuadrados. Este tipo de carteles puede verse en decenas de edificaciones en varias manzanas a la redonda.   La zona ha dejado de ser buen negocio. Mike Stuppin, uno de los dueños de la librería, asegura que esas manzanas han perdido en los últimos años la mitad de su tráfico peatonal. “Ha sido todo un desafío colocar esas propiedades desde la pandemia por el aumento del teletrabajo y también por algunos problemas que San Francisco ha tenido en los últimos años”, afirma en un correo el corredor inmobiliario Ben Lazzarechi, quien tiene en su portafolio varias propiedades en la zona.   Un informe de finales de junio elaborado por una consultora del sector de bienes raíces estima que un tercio de las oficinas del centro de la ciudad estaban vacías al cierre del segundo trimestre. “Este porcentaje ha crecido periodo tras periodo a lo largo de tres años”, señala Max Sander, otro analista del sector. Este especialista menciona que los edificios desocupados podrían abrir un boquete de 200 millones de dólares [unos 183 millones de euros] en el presupuesto de la ciudad hacia 2028 si continúa la tendencia. El escenario ha sido comparado por algunos integrantes del Consistorio como el avistamiento de un iceberg que podría provocar una catástrofe en las finanzas de la ciudad.   Es difícil cifrar cuánta gente ha perdido el centro de San Francisco. Antes de que estallara la pandemia de covid-19, las autoridades calculaban que unas 245.000 personas trabajaban allí. En febrero pasado, un informe encargado por el Ayuntamiento aseguró que por lo menos 147.000 personas habían dejado de ir a la zona por el cambio de dinámicas forzado por la emergencia sanitaria. Algunos han vuelto, pero aquella cifra no contempla otra crisis, la económica. Decenas de tecnológicas han realizado recortes desde el año pasado. De acuerdo con la página web Layoffs.fyi, decenas de empresas, entre ellas Amazon, Meta, Google y el propio Salesforce, han despedido a unos 200.000 empleados en lo que va de 2023, aunque no todas las plazas estaban basadas en la ciudad. Un hombre pasa en bicicleta delante de varios locales cerrados en el barrio de Chinatown en San Francisco, el pasado 24 de mayo. La agonía del centro de San Francisco se nota en especial en los negocios minoristas. La crisis se agravó a mediados de junio. Westfield, uno de los centros comerciales más importantes de San Francisco, anunció entonces que tras 20 años dejará de operar el negocio a unos pasos de Union Square, una de las paradas obligadas para los turistas que visitan la Bahía de San Francisco. La compañía ha dejado de pagar el préstamo de 558 millones de la propiedad, que tiene 140.000 metros cuadrados de tiendas y oficinas. Y ha anunciado que busca traspasar el negocio a otro grupo empresarial. De momento, nadie se ha interesado.   Como justificación, Westfield citó las “difíciles condiciones de operación del centro”, que se han traducido en una caída de ventas (en parte por el aumento de las compras on line), ocupación y tráfico peatonal. Los grandes almacenes Nordstrom, que ocupaban el 20% del espacio, han informado de que no renovarán su contrato de arrendamiento y cerrarán sus puertas después de 35 años.   El ciclo de la ruina Aunque no las menciona, las condiciones adversas a las que hace referencia Westfield son bien conocidas. De hecho, se conocen entre los locales con el término “doom loop”, donde un problema desencadena otro provocando un ciclo de ruina. Entre estos está la crisis provocada por una población de casi 8.000 personas sin techo en la ciudad, que tiene unos 800.000 habitantes. Se concentran en el barrio de Tenderloin, enclavado en pleno centro. El abuso de sustancias estupefacientes, que puede observarse a plena luz del día, la crisis de salud mental de muchos afectados y el aumento de la delincuencia juvenil, causan dificultades a los

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San Francisco da marcha atrás al uso letal de robots de la policía

La junta de supervisores de la ciudad cambia el sentido de su voto en la sesión que debía avalar la polémica medida. Los supervisores del condado de San Francisco han dado marcha atrás a la iniciativa que permitiría a la policía utilizar robots de forma letal. La medida fue aprobada a finales de noviembre por una mayoría de 8-3 en el órgano que supervisa la ciudad. La decisión causó de inmediato un revuelo. Después de varios días de protestas, la mayoría de supervisores se invirtió para impedir expresamente a la policía emplear las máquinas, que ya tiene en su poder, para matar a sospechosos de tiroteos, actos terroristas y amenazas con bombas. El cambio de sentido de los supervisores es inusual, pues generalmente las segundas votaciones avalan las medidas que se adoptaron en la primera ronda y sirven de autorización visual. Hace tres años, los once supervisores de una ciudad que es cuna de las tecnológicas se convirtieron en los primeros en Estados Unidos que prohibían a las autoridades locales hacer uso de software de reconocimiento facial. Por eso sorprendió tanto que el mismo órgano se inclinara recientemente por permitir el uso de robots para matar en casos extremos. La discusión en el seno del organismo fue larga y dura. Algunos supervisores criticaron la medida e hicieron pública su preocupación de que la normativa se tradujera en un aumento de los casos de abuso policiaco. La mayoría se impuso, pero la decisión obligaba a que al menos uno de los dos oficiales de más alto rango de la policía de San Francisco fuera quien autorizara el empleo letal de la máquina. La minoría que perdió la votación entonces no bajó los brazos. Identificados como la facción más progresista del órgano, amenazaron este lunes con iniciar una recolección de firmas para organizar un referendo que dejara sin efecto la medida. “Esa política no tiene cabida en San Francisco”, afirmó el lunes el supervisor Shamann Walton en un evento de protesta que se llevó a cabo a las afueras del Ayuntamiento. Las protestas de los propios supervisores, además del abierto rechazo de organizaciones no gubernamentales contra el abuso policial, hicieron cambiar de opinión a sus pares. Uno de estos fue Gordon Mar, quien en la primera ronda de votaciones apoyó la medida. “A lo largo de la semana pasada me sentí muy inconforme con nuestra votación y por el precedente que fija para otras ciudades que no tienen la capacidad de exigir cuentas a la policía”, afirmó Mar en un comunicado dirigido a la prensa local. Este martes ha votado en contra de la medida. Dean Preston, otro de los supervisores que se opusieron a la iniciativa, ha asegurado este martes que los esfuerzos del Gobierno local deben estar enfocados en reducir el uso de la fuerza de parte de las policías locales y “no darles nuevas herramientas para matar gente”. Algunos expertos en automatización creían que la policía usaría la opción antes de explorar otras posibilidades. Del Departamento de Policía de San Francisco enfrenta varias recomendaciones por abuso de autoridad. Entre estas hay un centenar relacionado con tiroteos sospechosos de uniformados, algunos de estos motivados por asuntos de raza, de acuerdo al Departamento de Justicia. Algunos organismos de la sociedad civil han afirmado que es cinco veces más probable que un negro sea registrado por la corporación en las calles antes que un ciudadano blanco. El uso de la fuerza contra los afroamericanos es 13 veces más alto. San Francisco cuenta con 17 robots que podían ser empleados para neutralizar amenazas. La ciudad ha comprado 17 modelos desde 2010, pero solo 12 están operativos. Estos son utilizados en tareas donde los policías corren peligro. Por ejemplo, donde hay bombas involucradas, la detención de criminales armados y la revisión de predios y solares sospechosos. En julio de 2006, la policía de Dallas se convirtió en el primer cuerpo policial del país que usó un robot para matar a un francotirador. Después de tensas horas de negociación, el tirador abrió fuego y asesinó a cinco policías. “No nos quedó otra opción más que manejar nuestro robot para bombas y colocarle un explosivo en una de sus extensiones y hacerla detonar donde estaba el sujeto”, aseguró el jefe de la policía, David Brown. Este martes San Francisco ha decidido no seguir los pasos de Dallas. Fuente: El País

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