La ciencia confirma lo que muchos sospechaban: el horario en que cenamos influye directamente en nuestro metabolismo y en el control del peso corporal.
Especialistas en nutrición y cronobiología señalan que comer muy tarde en la noche puede alterar el equilibrio hormonal, afectando hormonas clave como la insulina, la leptina y el cortisol. Esto no solo dificulta la quema de calorías, sino que también favorece el almacenamiento de grasa.
Además, cuando las comidas nocturnas se combinan con un descanso insuficiente o irregular, el cuerpo recibe señales confusas, lo que impacta en el apetito y la forma en que metaboliza los nutrientes.
Estudios recientes muestran que quienes cenan antes y respetan un periodo de ayuno nocturno más prolongado tienen mejor control de peso, mayor energía y menor riesgo de resistencia a la insulina.
En palabras de los expertos, no se trata solo de qué comemos, sino también de cuándo lo hacemos. Ajustar el horario de la última comida podría ser una herramienta simple y efectiva para mejorar la salud metabólica.
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