Medicación, menos sal, actividad física y un buen descanso son algunas de las medidas que pueden ayudar a controlar la hipertensión
La hipertensión es una de las enfermedades crónicas más frecuentes y muchas veces avanza sin causar síntomas. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en 2024 había alrededor de 1.400 millones de adultos de entre 30 y 79 años con hipertensión. Sin embargo, apenas el 23% tenía la enfermedad controlada.
Aunque cada paciente necesita una evaluación médica individual, existen medidas que pueden ayudar a reducir la presión arterial y disminuir el riesgo de complicaciones como infartos, accidentes cerebrovasculares y enfermedad renal.
No suspender la medicación: Si un médico prescribe fármacos antihipertensivos, no deben dejarse por cuenta propia aunque la presión mejore. Existen diferentes tipos de medicamentos: algunos relajan los vasos sanguíneos y otros ayudan al organismo a eliminar exceso de agua y sodio. En determinadas personas se necesita combinar más de uno para conseguir un control adecuado.

Reducir la sal y el sodio: Consumir demasiado sodio favorece la retención de líquidos y puede elevar la presión arterial. La OMS recomienda que los adultos consuman menos de 5 gramos de sal al día, equivalentes a menos de 2 gramos de sodio. Una parte importante no proviene del salero, sino de alimentos procesados como embutidos, comidas preparadas, snacks, cubos de caldo y algunas salsas.
Comer más frutas y verduras: Estos alimentos aportan potasio, un mineral que ayuda a contrarrestar parte de los efectos del sodio y participa en el funcionamiento adecuado de los vasos sanguíneos. La OMS señala que aumentar el potasio proveniente de los alimentos puede contribuir a reducir la presión arterial en adultos.
Mantenerse físicamente activo: Caminar, nadar, bailar, correr o realizar ejercicios de fuerza ayuda al sistema cardiovascular. La OMS aconseja al menos 150 minutos semanales de actividad aeróbica moderada o 75 minutos de actividad intensa, además de ejercicios de fortalecimiento muscular dos o más días por semana.

Bajar de peso cuando sea necesario: El sobrepeso y la obesidad están asociados con un mayor riesgo de hipertensión. Perder peso de manera gradual, acompañado de alimentación saludable y actividad física, puede contribuir a disminuir la presión y reducir el esfuerzo que realiza el corazón.
Limitar el alcohol: El consumo excesivo de alcohol puede elevar la presión arterial y aumentar el riesgo cardiovascular. Reducirlo forma parte de las recomendaciones para prevenir y controlar la hipertensión.
Cuidar el sueño: Dormir bien también forma parte de una buena salud cardiovascular. Un descanso insuficiente o de mala calidad puede dificultar los mecanismos que regulan la presión durante la noche. Si además existen ronquidos intensos, pausas al respirar o somnolencia excesiva durante el día, conviene consultar con un profesional para descartar trastornos como la apnea del sueño.
La hipertensión no suele controlarse con una sola medida. Medicamentos cuando son necesarios, alimentación equilibrada, menos sodio, actividad física, peso saludable y controles periódicos forman parte de un manejo integral. Y aunque los hábitos pueden producir una mejora importante, nunca deben sustituir un tratamiento indicado por el médico sin una evaluación previa.
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