El Salón de Baile de la Casa Blanca, una de las principales prioridades y batallas legales para el presidente Donald Trump, toma forma a medida que pasan las semanas gracias al trabajo de obreros que en su mayoría son de la comunidad hispana, el colectivo, de los más perjudicados por su agresiva política migratoria.

Ese Salón de Baile es una de las principales obsesiones del mandatario Donald Trump, quien aprovecha cualquier aparición para sacar el tema a colación e insistir en la necesidad de que la residencia presidencial cuente con un espacio capaz de acoger a cientos de personas en banquetes de Estado y otros grandes eventos.
Trump, cuyas medidas de deportación en masa han afectado a hispanos que trabajaban en sectores como la construcción, la agricultora o la hostelería, donde son mano de obra esencial en Estados Unidos, cerró el mes de la Herencia Hispana la semana pasada con un acto en el que animó a los asistentes a visitar las obras del «mejor Salón de Baile jamás construido».
Una obra en la que se habla español
Casi todas las conversaciones de los trabajadores que levantan la obra sin descanso, transcurren en español. Se comunican en su idioma nativo.
«Lo único que podemos decir es que las obras avanzan», aseguró de manera esquiva a EFE un grupo de estos empleados, que evitó precisar su nacionalidad.
Aún temerosos, regresan a casa con los cascos en la cabeza y ataviados con la ropa de colores fluorescentes que los acredita como los responsables de dar forma a esta obra, bajo la órdenes generales de la constructora Clark.
Pora Radio Centro/EFE
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