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Mascotas domesticas pueden ser portadores secretos de ADN

Imagen de Por: Milena Palacios

Por: Milena Palacios

Ultima actualización: 2026-02-11 15:56:52

iStock / Chalabala
iStock / Chalabala

En una escena del crimen, cada rastro cuenta. Durante años, los investigadores han rastreado huellas, fibras y muestras biológicas humanas como piezas clave para reconstruir hechos. Sin embargo, un equipo científico en Australia puso el foco en un actor inesperado: las mascotas domésticas.

El estudio, desarrollado por investigadores forenses australianos, demostró que perros y gatos pueden transportar ADN humano de un lugar a otro sin que exista contacto directo entre personas. Es lo que los especialistas llaman transferencia secundaria de ADN.

¿Cómo ocurre la transferencia?

El proceso es más sencillo de lo que parece. Si una persona toca a un perro o gato acariciándolo, levantándolo o simplemente conviviendo en el mismo espacio pequeñas células de su piel pueden quedar adheridas al pelaje del animal.

Imagen: IA
Imagen: IA

Posteriormente, si la mascota se desplaza por la vivienda, se sube a muebles o entra en otra habitación, puede depositar ese material genético en nuevas superficies. Así, el ADN puede aparecer en sitios donde la persona nunca estuvo físicamente.

¿Qué implica para las investigaciones?

El hallazgo no invalida la utilidad del ADN en procesos judiciales, pero introduce un matiz crucial: la presencia de material genético no siempre prueba contacto directo ni participación en un hecho delictivo.

En investigaciones policiales, esto obliga a contextualizar mejor la evidencia biológica. Los peritos deben considerar factores ambientales, convivencia previa y patrones de movimiento dentro del domicilio.

La ciencia forense ya reconoce que el ADN es una herramienta poderosa, pero no infalible. Su interpretación requiere análisis integral junto con otras pruebas como cámaras, huellas o testimonios.

Imagen: IA
Imagen: IA

En hogares donde conviven varias personas y mascotas, la complejidad aumenta. El estudio australiano abre un debate técnico sobre cómo evitar conclusiones apresuradas basadas únicamente en rastros genéticos.

Para los investigadores, el mensaje es claro: el ADN sigue siendo una pieza clave, pero debe analizarse dentro de un marco más amplio.

Las mascotas, fieles compañeras en la vida cotidiana, también pueden convertirse, sin intención, en transportadoras invisibles de evidencia.

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