Si bien la jornada semanal de 40 horas, generalmente distribuida en cinco días, de ocho horas, se ha consolidado como estándar en buena parte de los países del hemisferio occidental, en América Latina su adopción ha sido más lenta y desigual.
Mientras en varias naciones europeas ya se impulsan propuestas para migrar hacia esquemas de cuatro días laborales con tres de descanso, en la región latinoamericana todavía predominan jornadas de entre 44 y 46 horas semanales, que en muchos casos incluyen el trabajo los sábados.
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Ecuador es el único país de latinoamérica que mantiene jornadas de 40 horas semanales desde 1938, como lo contempla el Código de Trabajo vigente desde aquel entonces. Y aunque el Ministerio del ramo ha expuesto sus intenciones de modificar los turnos y horarios, con la reforma 046, ha dejado claro que se mantendrá el límite de 40 horas trabajadas a la semana, fuera de sobretiempo.
Reducción gradual, la fórmula preferida
En búsqueda de aminorar la carga laboral, México aprobó en febrero de 2026 una ley de enmienda constitucional para reducir la semana laboral de 48 a 40 horas. La norma se empezará a implementar desde 2027 y se aplicará de forma gradual hasta 2030.
De acuerdo a los datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), la segunda economía de América Latina -detrás de Brasil- presenta uno de los peores equilibrios entre vida personal y laboral, además de bajos índices de productividad laboral y los salarios más bajos entre los 38 estados miembro del grupo.
Por su parte, Chile también cuenta con un plan diferido de reducción de horas. El primer ajuste obligatorio entró en vigor el 26 de abril de 2024, cuando la carga semanal pasó de 45 a 44 horas.

