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Ecuador: julio 15, 2024

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Ecuador, julio 15, 2024
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Biden viajará a Israel y Jordania el miércoles para evitar una escalada en la crisis en Oriente Próximo

El País .- EE UU considera que puede persuadir a Netanyahu de evitar excesos en la respuesta a los ataques de Hamás Órdago de Joe Biden en la crisis en Oriente Próximo, cuando se agrava la situación humanitaria en Gaza. El presidente estadounidense viajará este miércoles primero a Israel y después a Jordania. La visita busca, por un lado, mostrar un claro gesto de solidaridad con uno de sus aliados más firmes en la región, tras el ataque de Hamás del 7 de octubre. Por otro, negociar para introducir asistencia humanitaria en la Franja, presionar para contener la respuesta israelí a los atentados y evitar que el conflicto se propague por la región. En Israel, Biden se reunirá con el primer ministro Benjamín Netanyahu. Durante esta etapa, según la portavoz presidencial Karine Jean-Pierre, expresará “el firme apoyo a Israel ante el brutal ataque terrorista de Hamás, y consultar sobre los próximos pasos”. En Jordania se verá con el rey Abdalá II; el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbas, y el presidente egipcio, Abdel Fatah al Sisi, cuyo país controla Rafah, el único paso hacia Gaza no gestionado por Israel. Allí “reiterará que Hamás no representa el derecho del pueblo palestino a la dignidad y a la autodeterminación, y abordará las necesidades humanitarias de los civiles en Gaza”, ha apuntado la Casa Blanca. Biden “viene en un momento clave para Israel, para la región y para el mundo entero”, apuntaba el secretario de Estado de EE UU, Antony Blinken, al anunciar la visita a primeras horas de la mañana de este martes en Tel Aviv, y después de más de siete horas de reunión con Netanyahu en esa ciudad. Estados Unidos y otras potencias regionales negocian para que Israel permita el acceso de ayuda humanitaria a la Franja, y con Egipto para que permita la salida por Rafah de los residentes en Gaza con pasaportes extranjeros: El Cairo asegura que la actitud israelí impide la apertura del paso fronterizo. Además, mientras declara un respaldo inquebrantable a Israel, Washington presiona a este país para contener la dureza de su respuesta a los atentados de Hamás y evitar que la crisis derive en un conflicto que implique a otros países de la región. Irán advertía este mismo lunes que Hezbolá podría lanzar un ataque preventivo “en las próximas horas”. La luz verde al viaje se decidió con relativa rapidez, después de que el primer ministro israelí presentara una invitación al inquilino de la Casa Blanca en una conversación telefónica el sábado. Pero también con cuidado. Biden se inclinaba por ir, en lo que será su segunda visita a una zona de guerra tras la que completó a Ucrania por sorpresa en febrero. El presidente estadounidense confía en su relación personal con Netanyahu, muy mejorada desde que ambos fumaran la pipa de la paz en una reunión en Nueva York en septiembre, después de serios desencuentros en torno a la reforma judicial israelí y los planes de ese país de expandir sus asentamientos en Cisjordania. Biden considera que puede persuadir al primer ministro de evitar excesos en la respuesta de las fuerzas israelíes que puedan desencadenar un conflicto de graves dimensiones. Entre los argumentos a favor del viaje: rompe una lanza de la manera más clara posible a favor de un aliado y envía una advertencia inequívoca a Irán y a su milicia en Líbano, Hezbolá, contra cualquier tentación de intervenir en el conflicto. En contra: puede interpretarse como un apoyo tácito y un cheque en blanco a Netanyahu cuando crece la preocupación sobre la situación dentro de Gaza y el temor a una campaña militar israelí que se teme muy sangrienta. Tras los atentados de Hamás, que mataron a 1.400 personas, la gran mayoría civiles, los bombardeos israelíes ya han dejado 2.750 muertos y 9.700 heridos en Gaza, según el Ministerio de Sanidad palestino. También pesaba el riesgo que rodea a la visita. Un peligro que quedaba en evidencia cuando Netanyahu y Blinken tenían que encerrarse en un búnker ante la explosión de cohetes en las cercanías. La Casa Blanca asegura que tiene confianza en las medidas de seguridad. “No estaríamos hablando de un viaje como este si no nos sintiéramos cómodos con que los parámetros son los adecuados”, apuntaba en una llamada con periodistas el portavoz del Consejo de Seguridad Nacional, John Kirby. Biden pasó la jornada del lunes de reunión en reunión en el Despacho Oval, con sus asesores o al teléfono con otros líderes internacionales: desde Al Sisi al canciller alemán, Olaf Scholz, que planea él mismo visitar Israel este martes. Había cancelado en el último momento un viaje al Estado de Colorado, donde debía haber promovido su programa económico y de energías limpias, en un paso que desató las conjeturas acerca de la proximidad del viaje. Finalmente, la decisión fue sí. Desde el primer momento de la crisis, Biden ha expresado su apoyo decidido a Israel, aunque en los últimos días ha insistido también en que Hamás no representa a la población palestina y en la necesidad de garantizar ayuda humanitaria para los residentes atrapados en Gaza ante la campaña militar que planea el Gobierno de Netanyahu. En una entrevista emitida en el programa 60 Minutes de la cadena CBS, Biden se había declarado contrario el domingo a una ocupación israelí de la franja de Gaza. “Creo que sería un gran error”, puntualizaba, en su intento más claro de contener a Israel desde el comienzo de la crisis. El inquilino de la Casa Blanca opinó a favor de la necesidad de derrotar a Hamás, pero matizó que debe lograrse con “una vía hacia un Estado palestino”. En Tel Aviv, Blinken, que continuará el martes en Jordania una gira de una semana por los principales socios estadounidenses en Oriente Próximo, señaló que Biden “reafirmará la solidaridad de Estados Unidos con Israel y nuestro compromiso inquebrantable en favor de su seguridad”. “Israel tiene el derecho y el deber de defender a su pueblo contra Hamás y otros terroristas, y de impedir futuros ataques”. El jefe de la diplomacia estadounidense indicó que

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Cuba denuncia un “ataque terrorista” con cócteles molotov contra su embajada en Washington

El País .- El Gobierno de Cuba calificó este domingo de “ataque terrorista” el lanzamiento de dos cócteles molotov contra su embajada en Washington, aunque según las primeras informaciones, no hubo daños al personal diplomático. “La embajada de Cuba en EE UU fue objeto de un ataque terrorista”, dijo el canciller cubano, Bruno Rodríguez, en su cuenta X, antes Twitter. El ataque se produce una horas después de que el presidente Miguel Díaz-Canel regresara a La Habana tras haber pasado toda la semana en Nueva York, donde asistió a la Asamblea General de Naciones Unidas y mantuvo una intensa actividad diplomática como presidente pro tempore del G77+China. El grupo celebró su cumbre anual la pasada semana en Cuba, con la presencia de representantes de 116 países y 12 entidades multilaterales, entre ellos, el secretario general de la ONU, António Guterres. Durante la visita de Díaz-Canel en Nueva York, se registraron diversas manifestaciones de cubanos en el exilio en contra de su presencia en la cita de Naciones Unidas. “Los grupos anticubanos acuden al terrorismo al sentir impunidad, algo sobre lo que Cuba ha alertado a autoridades estadounidenses reiteradamente”, dijo Rodríguez en sus redes sociales. Al rechazo de Cuba se unió en la noche del domingo Venezuela, a través de su ministro de Relaciones Exteriores, Yván Gil. “Condenamos este nuevo ataque terrorista en contra de la integridad soberana de Cuba, y nos solidarizamos con su pueblo y autoridades”, manifestó. Es la segunda vez que se registra un ataque violento contra la sede diplomática de Cuba en Washington desde su reapertura en 2015. En abril de 2020, un hombre disparó en varias ocasiones al edificio con un fusil de asalto y provocó daños a la estructura. En aquella ocasión, Rodríguez culpó a EE UU de propiciar el ataque, alegando que “hay una conexión indisimulable y inocultable entre la política agresiva de odio y de instigación a la violencia que sigue el gobierno de Estados Unidos”. El ataque es un capítulo más a las tensas relaciones entre EE UU y Cuba. Donald Trump incluyó a la isla en el listado de países patrocinadores del terrorismo ―que sólo comparte con Siria, Corea del Norte e Irán― y echó por tierra el deshielo que inició Barack Obama durante su Administración.

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Blinken viaja a Riad para reparar las relaciones entre EE UU y Arabia Saudí

El País .– “No dejaremos un vacío en Oriente Medio para que lo llenen otros”, ha asegurado un alto funcionario estadounidense Pelillos a la mar. Después de una trayectoria de desencuentros durante años, y de meses de tensión diplomática entre dos antiguos aliados inseparables, Estados Unidos espera reencauzar su relación con Arabia Saudí con el viaje la semana próxima de su secretario de Estado, Antony Blinken, a Riad. Es la segunda visita de un alto cargo estadounidense al país árabe en un mes, tras la completada por el consejero de Seguridad Nacional, Jake Sullivan, el 7 de mayo.   El Departamento de Estado ha confirmado este viernes el desplazamiento en un sucinto comunicado. Blinken, informa, se reunirá a lo largo de una visita de tres días con funcionarios saudíes para abordar “la cooperación estratégica EE UU-Arabia Saudí en cuestiones regionales y globales, así como una gama de cuestiones bilaterales, incluida la cooperación económica y de seguridad”. Además participará en un foro con representantes del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) y en un encuentro sobre la lucha contra el terrorismo del Estado Islámico (ISIS).   Los lazos entre la primera potencia y su tradicional mejor aliado en Oriente Medio arrastran un desgaste de años, agravado por el brutal asesinato del periodista Jamal Khashoggi, asfixiado y descuartizado en el consulado saudí en Estambul en 2018. Durante décadas, la relación se basó en un intercambio que convenía a ambos: Riad proporcionaba a Washington petróleo a buen precio, y Estados Unidos suministraba armamento y protección de Defensa a Arabia Saudí. Pero el país norteamericano trata de reducir su dependencia de los combustibles fósiles y desarrollar el uso de fuentes de energía alternativas; la monarquía wahabí percibe que la protección militar de su teórico socio está en duda.   Cuestiones como la política hacia Irán complican aún más los vínculos: el régimen saudí estalló en cólera por las negociaciones en 2015 para un acuerdo nuclear entre Occidente y Teherán, que Riad consideraba que ponía en peligro la seguridad de las monarquías del Golfo. El giro de Washington en su política exterior, donde Oriente Medio ha dejado de ser la prioridad y Asia-Pacífico acapara ahora la atención, es otro factor que enrarece la relación bilateral.   En 2019, durante la campaña electoral, el que acabaría siendo presidente Joe Biden aseguró que, de llegar a la Casa Blanca, trataría a Riad como “el paria que es”. Dos años más tarde, hizo publicar un informe de los servicios de inteligencia en el que se denunciaba que el príncipe heredero saudí y el verdadero poder del país, el príncipe Mohamed bin Salman, había estado detrás de la operación para asesinar a Khashoggi.   En 2022, Biden viajó a Arabia Saudí en una polémica visita para tratar de estabilizar la relación, y de conseguir un compromiso de Bin Salman para estabilizar los precios del crudo. Pero en otoño volvieron los encontronazos, cuando Riad encabezó una decisión de la OPEP de limitar la producción de petróleo, después de un verano en el que los altos precios de la energía habían contribuido a disparar la inflación. A pocas semanas de unas elecciones de medio mandato en las que la marcha de la economía era un factor crucial, la Casa Blanca puso el grito en el cielo.   Mientras tanto, el gobierno saudí ha ido tendiendo puentes hacia China, el gran rival sistémico de Estados Unidos. Pekín es ahora el principal comprador del petróleo del reino, y el principal suministrador de las importaciones de Riad. El Gobierno del presidente Xi Jinping se apuntó un gran logro diplomático cuando a comienzos de este año patrocinó el acuerdo entre Arabia Saudí e Irán, enemigos acérrimos, para el restablecimiento de sus relaciones diplomáticas.   El anuncio de ese acuerdo cayó como un jarro de agua fría en Washington. Y dejó en evidencia hasta qué punto, por tensos e incómodos que sean los lazos, la relación con Riad, una pieza clave en el tablero de Oriente Medio y de la seguridad energética -incluidos unos precios moderados del petróleo-, es imprescindible.   En Oriente Medio “una de las mejores cosas que podemos hacer es asegurarnos de que las relaciones bilaterales son firmes. están actualizadas y reflejan nuestras prioridades, y que la región entiende que Estados Unidos es un actor destacado que está ahí para quedarse… no dejaremos un vacío para que otros lo llenen”, ha declarado este viernes el subsecretario de Estado adjunto para la región, Daniel Benaim, en una charla telefónica con periodistas.   Para Riad, la relación con Washington también continúa siendo fundamental. Pese a sus dudas, Estados Unidos se mantiene como su principal valedor en materia de seguridad y el único actor que, hoy por hoy, está dispuesto a garantizar la libre circulación de los petroleros por el Golfo Pérsico. Rusia no puede y China, al menos por el momento, no quiere, o tampoco puede.   Además de la estabilidad de la relación, del papel de China en la región y de la guerra en Ucrania, en sus conversaciones Blinken también lleva otro objetivo delicado, tratar de comenzar a allanar el camino para que Arabia Saudí se plantee seguir en el futuro el camino de los Emiratos Árabes Unidos y Bahrain en los llamados acuerdos de Abraham de 2020 y normalice sus relaciones con Israel. Una posibilidad, en el mejor de los casos, aún muy lejana hoy por hoy.

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Ecuador ya integra el Consejo de Seguridad de la ONU; lo hará hasta el 2024

Es la cuarta vez que es parte del organismo. Para expertos es una oportunidad para relacionarse con el G5 y tomar decisiones en temas de índole global.   Su regreso se concretó el pasado 9 de junio, sin oposición en el grupo de Latinoamérica y el Caribe y con apoyo de 190 de los 193 Estados miembros.   El país entrará en funciones desde el 3 de enero, día en que se realizará la posesión oficial. Su rol implica tener capacidad de decisión, pero no de veto, facultad que recae solo en los cinco miembros permanentes: China, Francia, Rusia, Reino Unido y Estados Unidos.   El representante permanente del Ecuador ante la ONU, Hernán Pérez Loose, participará en la ceremonia que marca el inicio de la nueva membresia.   La participación de Ecuador en el máximo organismo de seguridad de la ONU “será una oportunidad para tener contacto directo con los países permanentes, conocidos también como el G5, y a la vez una oportunidad para presentarse al mundo como lo que quiere ser: un país que respeta el derecho internacional y de acogida de personas e inversiones, y para ser parte de la toma de decisiones en temas de importancia mundial”, destaca Esteban Santos, analista internacionalista de la Universidad de las Américas (UDLA). “El Consejo es el organismo más representativo que tiene este sistema internacional. Nace después de la II Guerra Mundial justamente con la idea de mantener el orden y la paz internacional. Que Ecuador tenga un asiento ahí tiene una particular importancia, ya que no solo nos pone en la esfera internacional, sino que son espacios en los que se pueden conseguir nexos de cooperación con las potencias”, explica Santos.   Santiago Pérez, analista de temas internacionales y profesor de la Universidad Técnica Particular de Loja, resalta también la importancia que tendrá Ecuador al estar junto a los cinco miembros permanentes y a Japón, Malta, Mozambique y Suiza, que entraron también este año, además de Albania, Brasil, Gabón, Ghana y Emiratos Árabes Unidos, que deben renovarse para el 2024.   Además dice que en este momento la representación latinoamericana recae solo en Ecuador y Brasil, por lo que su participación será clave para la toma de decisiones relevantes en temas sensibles, fomento de amistad entre naciones y del respeto por los derechos humanos y otros temas centrales que maneja.   Por su parte, Santos considera también que la participación de Ecuador en el organismo puede servir también para ordenar asuntos internos en materia de seguridad.   “Aquí hay una muy buena pregunta que se le puede hacer al país: ‘¿Usted quiere estar sentado en el Consejo de Seguridad y tiene problemas internos muy serios?’. Y esto tiene que ser visto como una oportunidad para tratar de acercar posturas con personas y países que puedan ayudar a las necesidades del país”, dice.   Santos explica también que el no lograr mejoras internas durante el paso del país por el organismo puede tener impacto en el país, ya que es un espacio que debe aprovecharse. La ONU eligió en junio de 2022 a Ecuador como miembro del Consejo de Seguridad para 2023 y 2024. Foto: ALESSANDRO DELLA VALLE Sin embargo, Pérez difiere y dice que es poco probable que el país o todos los países no permanentes puedan cambiar la agenda o prioridades que tiene ya el Consejo definidas, aunque no descarta que puedan proponer ciertos puntos de orden relacionados con necesidades más locales o de su región, pero que no siempre podrán ser tomados en cuenta. “En este momento tenemos como prioridad la guerra de Ucrania, la de Yemen, la de Siria, algunos conflictos en África, regímenes de sanciones que también pesan sobre países como Corea del Norte. Todos estos temas son de discusión prioritaria”, refiere.   En tanto, sobre las otras tres participaciones de Ecuador en el Consejo, la Academia Nacional de Historia hace referencia en una publicación a que Ecuador “mantuvo una postura irreductible (…) que se afirmó en la fortaleza de los principios que fueron exhibidos por sus representantes ante dicho Consejo”.   El Consejo tiene entre sus principales funciones y poderes mantener la paz y la seguridad internacionales de conformidad con los propósitos y principios de la ONU, e investigar toda controversia o situación que pueda crear fricción internacional.   Un representante de cada uno de sus miembros debe estar presente en todo momento en su sede permanente de Nueva York,para que el Consejo pueda reunirse cuando surja la necesidad. Su primera sesión se celebró el 17 de enero de 1946 en Londres.   Fotografía de archivo en la que se registró una toma general de una sesión del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas en Nueva York (NY, EE. UU.). EFE/Justin Lane Foto: ESKINDER DEBEBE Hasta ahora, más de 50 Estados miembros de la ONU nunca han sido miembros del Consejo. No obstante, cualquiera de los 193 puede participar, sin derecho a voto, en deliberaciones cuando el Consejo considere que los intereses de esa nación se ven afectados.   Los diez miembros no permanentes rotan constantemente y lo hacen por región. Su capacidad de decisión hace que tengan una gran responsabilidad en la toma de decisiones y de acciones a nivel global con los otros miembros.   Empero, ante la situación de que el poder se concentra en los cinco Estados miembros permanentes, existe una lucha interna para que esto se reforme y la capacidad de veto sea más amplia.   Un ejemplo del poder del veto se evidenció en la ofensiva rusa que se inició en Ucrania: Rusia, al ser miembro permanente, ha evitado que se trate el tema hasta ahora. Fuente: El Universo

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Biden se muestra dispuesto a hablar con Putin si da señales de querer acabar la guerra en Ucrania

En su reunión con Emmanuel Macron, el presidente estadounidense promete “ajustes” a su plan económico contra la inflación, que los europeos consideran proteccionista El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, aseguró este jueves que aunque por el momento no tiene planes para ello, tampoco descarta hablar con Vladímir Putin, siempre y cuando el presidente ruso dé muestras de querer poner fin a la guerra en Ucrania. Esa hipotética conversación, puntualizó, se desarrollaría en consultas con los aliados de la OTAN. El inquilino de la Casa Blanca se pronunciaba así en una rueda de prensa con el presidente francés, Emmanuel Macron, quien se encuentra en Washington en visita de Estado. Ambos defendieron la posición occidental en la guerra de Ucrania y resaltaron un apoyo inquebrantable, durante el tiempo que sea necesario, al país invadido por Rusia. “Es una cuestión de principios”, subrayó Macron. Si se deja de respetar la soberanía nacional o la integridad territorial de los países consagrada en la carta fundacional de la ONU, “peligra la estabilidad global”, sostuvo. Por su parte, Biden aseguró que es “impensable” que Rusia pueda llegar en algún momento a vencer en Ucrania. La guerra fue uno de los grandes ejes de las tres horas de conversación entre los dos líderes. El otro, el ambicioso plan económico de Biden para luchar contra la inflación y el cambio climático, muy criticado por Europa ―y concretamente por París― ante medidas que los Veintisiete consideran proteccionistas. Biden y Macron caminan por el porche de la Casa Blanca que les lleva al Despacho Oval.ANDREW HARNIK (AFP) Biden lanzó una rama de olivo a sus aliados europeos, al expresar su disposición a introducir “ajustes” en el plan. “En ningún momento se pretendió que el plan excluyera a los socios que colaboran con nosotros”, sostuvo. “Hay ajustes que podemos incluir que pueden hacer más fácil que los países europeos participen, o estén allí por su cuenta”, agregó. Francia y Estados Unidos anunciaron tras el encuentro la formación de un grupo de trabajo conjunto entre la Unión Europea y EE UU para lidiar con las disputas comerciales que puedan surgir del plan de la Casa Blanca, recientemente aprobado. El presidente estadounidense aseguró que, aunque mantiene su defensa de las empresas estadounidenses, a menudo una legislación del calado de este plan contiene pequeños defectos y consecuencias no previstas. “Seguiremos creando empleos manufactureros en Estados Unidos, pero no a costa de Europa”, insistió. Por su parte, Macron puntualizó: “Hemos acordado sincronizar de nuevo nuestras posiciones, nuestros programas para invertir en sectores emergentes fundamentales. Semiconductores, baterías, hidrógeno”. Los dos líderes se comprometieron también a coordinar su respuesta ante “el desafío de China”. El programa nuclear de Irán y las protestas en ese país, la situación en el África subsahariana o en Oriente Próximo figuraron también entre los asuntos abordados. Biden y Macron, cogidos de la mano durante la ceremonia de bienvenida al presidente francés en los jardines de la Casa Blanca.LUDOVIC MARIN (AFP) La jornada había comenzado en medio de la mayor pompa y circunstancia: una ceremonia de bienvenida solemne en los jardines de la Casa Blanca con todos los agasajos: numerosas banderas nacionales, alfombra roja, una salva de 21 cañonazos, los himnos respectivos, revista a una guardia de honor. Y, sobre todo, abundantes y largos apretones de manos, muchas sonrisas y besos a la llegada de Macron y su esposa Brigitte, para subrayar la sintonía personal entre los dos líderes ―bien abrigados, como sus respectivas esposas, ante las bajas temperaturas de la mañana otoñal― y el buen estado de las relaciones entre ambos países. Los dos presidentes quisieron enfatizar la excelencia de esos lazos. Una manera de dar por definitivamente superado el desencuentro del año pasado. Entonces, Francia se enteró por la televisión de la formación de la alianza Aukus ―Estados Unidos, el Reino Unido y Australia― y la consecuente anulación del contrato para la construcción francesa de una partida de submarinos para Canberra, por valor de unos 60.000 millones de dólares (una cantidad similar de euros). La ira francesa llevó a París a llamar a consultas a su embajador en Washington, una medida excepcionalmente dura. Hermanos de armas Nada de aquel enfado flotaba este jueves en el ambiente. En su discurso en la ceremonia de bienvenida, Macron recordaba la alianza histórica entre ambas naciones, comenzada en los tiempos de la independencia estadounidense y que volvió a refrendarse durante la II Guerra Mundial. “La historia común nos obliga de nuevo, ante el regreso de la guerra al suelo europeo tras la agresión rusa”, recordaba el inquilino del Elíseo. “Debemos volver a ser hermanos de armas”. Biden, por su parte, saludaba la “perenne fortaleza y vitalidad de la gran amistad entre Francia y Estados Unidos” y subrayaba: “Francia es nuestro aliado más antiguo, nuestro socio inquebrantable en la causa de la libertad”. Washington (Usa), 01/12/2022.- US President Joe Biden with french President Emmanuel Macron during a meeting in the Oval Office at the White House, in Washington, DC, USA, 01 December 2022. (Francia, Estados Unidos) EFE/EPA/DOUG MILLAS / POOLDOUG MILLAS / POOL (EFE) Más allá de los abrazos, la realidad. Ya al comenzar la reunión en el Despacho Oval entre los dos líderes, Macron había puesto sobre la mesa sus prioridades: en Ucrania, buscar la manera de llegar a una “paz duradera” y de cooperar entre Estados Unidos y Europa para solucionar las consecuencias “directas e indirectas de la guerra”, que impactan más en la economía del Viejo Continente que en la primera potencia. También pidió “sincronizar” mejor las iniciativas comerciales de ambos países. Una alusión al plan de la Administración de Biden para combatir la inflación y el cambio climático ―la llamada ley de lucha contra la inflación―, muy criticado en Europa. El plan incluye incentivos fiscales que benefician a las empresas estadounidenses, y los europeos temen que sus propias firmas se vean perjudicadas, especialmente en el sector de los vehículos eléctricos. En una entrevista con la cadena de televisión estadounidense ABC, Macron había advertido de que esos incentivos pueden abrir una brecha entre los dos lados del Atlántico y

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