Las masivas protestas contra el régimen iraní han sido respondidas con una brutal represión que ha dejado un saldo devastador en todo el país. Testimonios recogidos por la BBC describen ejecuciones sumarias, disparos a quemarropa contra multitudes desarmadas y morgues desbordadas de cuerpos, en medio de las restricciones informativas que dificultan la verificación independiente de los hechos.
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La movilización ciudadana, que desafía abiertamente al poder, se ha convertido en el mayor reto para los ayatollahs en años, mientras la respuesta oficial apunta a silenciar cualquier forma de disidencia a costa de cientos de vidas.

“Lo vi con mis propios ojos: dispararon directamente contra filas de manifestantes y la gente caía donde estaba”, relató Omid, un hombre de unos 40 años que participó en protestas en una ciudad del sur de Irán. Su nombre fue modificado por razones de seguridad.
Según su testimonio, las fuerzas de seguridad utilizaron rifles de asalto de estilo Kaláshnikov contra civiles.

A las movilizaciones se sumaron las redes sociales y llamados de atención al mundo, por lo que el régimen persa restringió el acceso a internet.
Un día después de una de las mayores jornadas de protesta, el líder supremo Ali Khamenei amenazó con que “la República Islámica no retrocederá”. Testigos sostienen que la violencia más grave se produjo tras ese mensaje, cuando fuerzas bajo el mando del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica intensificaron la represión.
Las cifras de víctimas siguen siendo inciertas. La organización Iran Human Rights, con sede en Noruega, informó que al menos 648 manifestantes murieron, incluidos menores de edad. Sin embargo, fuentes locales aseguran que el número real podría ser mucho mayor. La BBC advirtió que no puede verificar de forma independiente estas cifras y que el régimen iraní no ha difundido estadísticas oficiales transparentes.
