La cúrcuma es una especia utilizada desde hace siglos en la cocina y en diferentes sistemas de medicina tradicional. Su característico color amarillo proviene principalmente de la curcumina, uno de los compuestos que más interés ha despertado por sus posibles efectos antiinflamatorios y antioxidantes.
La nutricionista Kristen Lorenz explicó recientemente a Real Simple que la cúrcuma puede formar parte de una alimentación favorable para la salud intestinal, aunque sus efectos deben entenderse como un complemento y no como una solución por sí sola.
Puede influir en la inflamación
La curcumina ha demostrado actividad antiinflamatoria en numerosos estudios experimentales. Esto ha generado interés sobre su posible utilidad en enfermedades digestivas en las que participa la inflamación.
Sin embargo, cuando se analizan ensayos clínicos en humanos, la evidencia todavía presenta limitaciones. Una revisión sistemática que evaluó 26 estudios encontró resultados potencialmente favorables en personas con síndrome de intestino irritable o enfermedad inflamatoria intestinal, pero señaló que muchos trabajos tenían un alto riesgo de sesgo y metodologías muy diferentes. Por ello, los investigadores concluyeron que todavía no puede establecerse con certeza la eficacia de la cúrcuma para tratar trastornos digestivos.
¿Puede ayudar a las bacterias intestinales?
La relación entre la curcumina y la microbiota es otra de las áreas que actualmente se estudian.
Revisiones recientes indican que la curcumina puede modificar la composición y actividad de determinados microorganismos intestinales. Algunos estudios han registrado cambios en bacterias consideradas beneficiosas y en la diversidad de la microbiota, aunque buena parte de la evidencia procede todavía de experimentos preclínicos y de ensayos pequeños en humanos.
Por eso, es más preciso decir que la cúrcuma podría favorecer determinados cambios en la microbiota, y no que está demostrado que aumente necesariamente las “bacterias buenas” en todas las personas.

También puede influir en la bilis
La bilis es un líquido producido por el hígado y almacenado en la vesícula biliar que ayuda al organismo a digerir las grasas y absorber vitaminas liposolubles como A, D, E y K.
Un pequeño ensayo realizado en voluntarios sanos encontró que la curcumina provocaba contracción de la vesícula biliar, lo que facilita la liberación de bilis hacia el intestino. Sin embargo, el estudio incluyó solamente 12 participantes, por lo que no permite afirmar que consumir cúrcuma regularmente produzca grandes beneficios digestivos por este mecanismo.
No es una solución para todos los problemas intestinales
La cúrcuma puede incorporarse fácilmente a sopas, arroces, huevos, verduras, legumbres o aderezos. Pero las cantidades utilizadas habitualmente como especia son mucho menores que las dosis de curcumina concentrada empleadas en muchos estudios.
Además, la curcumina se absorbe relativamente poco cuando se consume por vía oral, una de las razones por las que los resultados obtenidos con suplementos no pueden extrapolarse directamente a utilizar una pequeña cantidad de cúrcuma en una comida.
La salud intestinal depende de muchos otros factores: consumir suficiente fibra, mantener una dieta variada, beber líquidos, hacer actividad física y cuidar el sueño y el estrés tienen un respaldo mucho más consolidado.
También hay que diferenciar la cúrcuma utilizada como condimento de los suplementos concentrados. El Centro Nacional de Salud Complementaria e Integral de Estados Unidos advierte que algunas formulaciones de curcumina diseñadas para aumentar considerablemente su absorción se han relacionado con casos poco frecuentes de lesión hepática.
En definitiva, la cúrcuma puede ser una especia interesante dentro de una alimentación saludable y existen indicios de posibles efectos sobre inflamación, microbiota y digestión de las grasas. Pero la evidencia clínica todavía no permite considerarla un tratamiento para enfermedades intestinales ni sustituir medicamentos o recomendaciones médicas.
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