La alimentación emocional consiste en comer como respuesta a determinados estados de ánimo y no necesariamente por hambre física. Cuando el estrés se activa, el apetito puede aumentar y esta reacción puede llevar a elegir alimentos con alta densidad energética.
Según una revisión de 54 estudios, que incluyó a 119.820 adultos sanos, se encontró una relación entre el estrés y el incremento de la ingesta de alimentos. Además, se observó que las personas bajo situaciones de estrés tienden a preferir productos procesados y a reducir el consumo de opciones más saludables.
Trastornos alimentarios relacionados con las emociones
Trastorno por atracón: se caracteriza por episodios en los que se consumen grandes cantidades de alimentos en un periodo corto de tiempo.

Bulimia: puede incluir episodios de ingesta excesiva seguidos de conductas compensatorias, como vómitos autoinducidos, uso de laxantes o ejercicio excesivo.
Tratamiento para regular las emociones
La terapia cognitivo-conductual puede ayudar a trabajar las emociones, los trastornos alimentarios y los pensamientos negativos relacionados con la comida. Este tipo de terapia busca desarrollar herramientas para identificar patrones de conducta y mejorar la relación con la alimentación.
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