Empezar a correr puede resultar sorprendentemente incómodo. La respiración se acelera, las piernas parecen pesadas y un ritmo que normalmente es fácil puede sentirse mucho más exigente durante los primeros minutos.
Esto no necesariamente significa que una persona esté fuera de forma. Richard Taylor, especialista en fuerza, acondicionamiento y rehabilitación de la Universidad de Coventry, explica que se trata de una respuesta normal del organismo mientras pasa del reposo al ejercicio.
El músculo pide energía antes de que el cuerpo pueda entregarla
Al comenzar a correr, los músculos necesitan incrementar su producción de energía prácticamente de inmediato. Para sostener el movimiento mediante el metabolismo aeróbico necesitan más oxígeno, pero el corazón, los pulmones, la circulación y las propias células musculares necesitan cierto tiempo para adaptarse a esa nueva demanda.
Por eso, la frecuencia cardíaca aumenta, la respiración se vuelve más rápida y profunda y una mayor cantidad de sangre se dirige hacia los músculos activos. Este proceso se conoce como cinética del consumo de oxígeno o cinética del VO₂.
Mientras el sistema aeróbico aumenta su participación, el organismo cubre parte de esa demanda energética utilizando mecanismos que pueden proporcionar energía con mayor rapidez. Esa transición puede contribuir a la sensación de piernas pesadas y a que el esfuerzo parezca elevado al comienzo.
¿Por qué después correr parece más fácil?
Conforme pasan los minutos, el suministro y la utilización de oxígeno se ajustan mejor al trabajo que están realizando los músculos. La frecuencia cardíaca y la ventilación también se acercan a niveles más acordes con la intensidad del ejercicio.
Además, aumenta la temperatura muscular, lo que puede favorecer el funcionamiento y la eficiencia del movimiento. Muchos corredores describen entonces que encuentran su ritmo, controlan mejor la respiración y la carrera comienza a sentirse más cómoda.

Las personas entrenadas suelen adaptarse más rápido
El entrenamiento de resistencia modifica la manera en que el sistema cardiovascular y los músculos responden al ejercicio.
Investigaciones que han comparado deportistas entrenados con personas no entrenadas han encontrado una respuesta del VO₂ considerablemente más rápida en los primeros. En un estudio, los corredores entrenados alcanzaron esa adaptación aproximadamente el doble de rápido que los participantes sin entrenamiento específico.
Esto no significa que los atletas dejen de experimentar la transición inicial, sino que su organismo puede aumentar más rápidamente la entrega y utilización de oxígeno.
Un calentamiento puede facilitar el comienzo
Empezar directamente a un ritmo exigente puede hacer más evidente esa sensación de dificultad. Una alternativa es realizar primero caminata rápida, trote suave o incrementos progresivos del ritmo.
La investigación sobre el llamado priming exercise muestra que una actividad previa puede acelerar determinadas respuestas del consumo de oxígeno durante el ejercicio posterior, aunque sus efectos dependen de la intensidad y del tipo de calentamiento.
Si no existe tiempo para realizar un calentamiento específico, comenzar los primeros minutos a un ritmo más lento que el previsto también permite que el organismo se adapte progresivamente.
No todas las molestias deben ignorarse
Sentir que la respiración aumenta o que las piernas necesitan algunos minutos para entrar en ritmo puede ser normal. Pero dolor en el pecho, mareo intenso, desmayo, dificultad respiratoria desproporcionada o palpitaciones acompañadas de malestar no deberían interpretarse simplemente como parte del calentamiento.
En términos generales, que los primeros minutos parezcan más difíciles responde a que el cuerpo necesita pasar de un estado de reposo a otro capaz de satisfacer una demanda energética mucho mayor. Con calentamiento y entrenamiento regular, esa transición puede hacerse más rápida y menos perceptible.
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